El PP se queda en el 33,6% y 145 diputados, mientras el PSOE cae al 25,1% y Sumar se hunde a siete escaños, según la encuesta de Hamalgama para Vozpópuli.
La crisis de Ceuta no ha cambiado quién gana unas elecciones generales, pero sí el tamaño de su victoria. El PP seguiría siendo primera fuerza con el 33,6% de los votos y 145 escaños si los españoles votaran hoy, prácticamente el mismo punto en el que estaba antes del verano. El cambio real está a su derecha: Vox sube al 19,3% y 67 diputados, según la encuesta de Hamalgama Métrica para Vozpópuli, realizada entre el 1 y el 8 de septiembre sobre 1.000 entrevistas. Juntos, PP y Vox reunirían 212 escaños, 36 por encima de la mayoría absoluta.
El PSOE cae al 25,1% y 101 diputados; Sumar se hunde al 5,6% y siete escaños, mientras Podemos obtendría un 3,8% y tres representantes. La comparación con las elecciones de 2023 es la que mejor mide el desplazamiento: entonces PP y Vox sumaron 170 escaños, ahora obtendrían 42 más. PSOE y Sumar reunieron 152 diputados; incluso añadiendo los tres de Podemos, la izquierda se quedaría en 111. La distancia entre ambos bloques supera los cien escaños.
El PP no crece, Vox lo hace por él
La novedad no es una subida espectacular del PP. Los populares apenas mejorarían medio punto respecto al 23-J, del 33,1% al 33,6%, y ganarían ocho escaños. Vox, en cambio, pasaría del 12,4% al 19,3%, sumaría casi 1,66 millones de votos adicionales y duplicaría sus diputados: de 33 a 67. El desplazamiento no consiste en una concentración del voto útil alrededor de Feijóo, sino casi lo contrario: el PP conserva su posición mientras Vox convierte el deterioro del Gobierno en crecimiento propio.
La transferencia de voto lo confirma. Vox conserva al 93,1% de quienes le votaron el 23-J, una fidelidad muy superior a la de sus competidores. Atrae al 12,2% de los antiguos votantes del PP y al 4,7% de quienes apoyaron al PSOE. El PP retiene al 85,2% de sus electores y compensa parte de su fuga captando a un 10,5% del antiguo voto socialista. Feijóo no necesita crecer demasiado para encontrarse con una mayoría inédita: le basta con no caer mientras Abascal ensancha el bloque.
El PSOE pierde por tres costados
El problema de Pedro Sánchez se ve al seguir el recorrido de quienes le votaron hace tres años. El PSOE solo conserva al 70,5% de sus electores del 23-J. Un 10,5% se iría al PP, un 4,7% a Vox y otro 9,6% directamente a la abstención. Apenas hay compensaciones suficientes por su izquierda: el trasvase desde Sumar no corrige una pérdida que deja al partido más de seis puntos por debajo de su resultado de las últimas generales.
La abstención tampoco se reparte por igual. Entre quienes votaron en 2023 pero aseguran que ahora no acudirían a las urnas, el 45% procede del PSOE y el 36,6% de Sumar. Los antiguos votantes del PP representan solo un 9,8% y los de Vox, un 2,5%. El castigo no se traduce únicamente en una fuga hacia la oposición, que siempre puede atribuirse a una mayor polarización ideológica: también hay un elector progresista que simplemente se retira. La participación estimada cae hasta el 64,7%, casi dos puntos menos que el 23-J, mientras la abstención crecería en cerca de un millón de personas.
Sumar se deshace y Podemos no lo recoge
A la izquierda del PSOE la situación es todavía peor. Solo un 32,8% de quienes votaron a Sumar mantendría ahora su apoyo. Un 25,9% elegiría Podemos, un 20% se abstendría y un 13,3% terminaría votando al PSOE. La división ya no es únicamente orgánica ni una pelea por las siglas: empieza a tener una traducción parlamentaria. Sumar pasaría de los 31 diputados logrados en 2023 a siete, y Podemos conseguiría tres por separado. Entre ambos reunirían diez, apenas un tercio de la representación que obtuvo entonces la candidatura unitaria. El PSOE tampoco recoge ese derrumbe: pierde veinte diputados propios y baja hasta 101.
El resultado dibuja una anomalía que condiciona toda la legislatura. Sánchez puede conservar todavía apoyos suficientes para resistir votaciones concretas y alargar los tiempos parlamentarios, pero la mayoría electoral que sostuvo su investidura ya no aparece en el sondeo ni siquiera reconstruyéndola pieza a pieza. La encuesta no muestra un trasvase entre socios que permita recomponer el bloque: muestra una contracción general de la izquierda mientras la derecha crece por uno de sus extremos. Con 145 diputados de Feijóo y 67 de Abascal, la discusión ya no sería si la derecha alcanza la mayoría absoluta, sino qué haría con una mayoría de 212 escaños.







