Donald Trump, desde un mitin electoral, anuncia que enviará barcos a Cuba y que uno se detendrá a unas 50 yardas de la costa
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel reaccionó ante la última andanada dialéctica procedente de Washington.
El secretario de Estado Marco Rubio respaldó la amenaza diciendo «Ahora es el momento» y dirigió un mensaje a quienes buscan crear un cambio positivo en Cuba. Rubio también invitó a colaborar de forma discreta con la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Trump ha flirteado antes con la posibilidad de enviar barcos a una isla situada a 90 millas de Florida. En agosto del año pasado el Comando Sur desplegó sus navíos y bombardeó una supuesta narcolancha a principios de septiembre. La campaña culminó con un ataque militar sobre el Fuerte Tiuna, donde se ocultaba el dictador chavista.
El bloqueo energético impuesto a Caracas provocó que Cuba dejara de recibir el petróleo casi regalado de sus antiguos aliados venezolanos. El Departamento de Estado inició negociaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto favorito de Raúl Castro, que en algún momento llegó a pensar que podía convertirse en la versión cubana de Delcy Rodríguez. Los diálogos fueron interrumpidos porque fueron «bombardeados» desde el exilio y por legisladores republicanos de Florida, y porque suponían la caída de Díaz-Canel y el «retiro» del hermano pequeño de Fidel Castro.
Washington no quedó convencido por el anuncio de reformas económicas de La Habana, descrito como reciclaje de viejas promesas. El canciller Bruno Rodríguez describió la costa cubana como inhóspita para quienes llegan con fines hostiles y ansias de dominación. Díaz-Canel concluyó su alegato diciendo que Cuba conquistó su independencia y está decidida a defenderla.
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