En el 15º aniversario del cese de ETA, Pradales también critica la justificación del terrorismo y la falta de apoyo a las víctimas
Las claves
- Denuncia que hubo quienes justificaron, alentaron y jalearon los atentados de ETA.
- Afirma que la deuda moral de quienes justificaron el terrorismo no ha prescrito.
- Sostiene que la convivencia y la reconciliación exigen valores, honestidad y empatía.
- Califica de intolerable que se siga reivindicando la lucha armada o exhibiendo fotos de ETA en espacios públicos.
En un artículo de opinión publicado en los diarios del Grupo Vocento, Pradales advierte que es «intolerable» idealizar a los miembros de la banda terrorista. Asimismo, considera «inaceptable» que la izquierda abertzale se abstenga en las propuestas de homenaje y recuerdo a las víctimas del terrorismo.
Pradales recuerda el 20 de octubre de 2011 como la fecha del cese definitivo de la violencia de ETA. Señala que la banda mató, secuestró, coaccionó y amenazó a «miles de personas» durante muchos años. Lamenta la «negra realidad» que se vivía cuando los informativos abrían con la frase ‘ETA ha vuelto a matar’.
El presidente vasco denuncia que el terror se sostuvo porque «hubo también quienes justificaron, alentaron y jalearon sus atentados». Señala que esa «deuda moral» de quienes justificaron el terrorismo no ha prescrito y sigue pesando sobre la sociedad. Añade que la convivencia y la reconciliación exigen valores, honestidad y empatía para reconocer y reparar el daño causado.
Pradales insiste en que una sociedad democrática no puede construirse sobre el olvido. Reitera que es intolerable que hoy se siga reivindicando la «lucha armada» o se exhiban fotografías de ETA en espacios públicos. Califica de «incomprensible» que la izquierda abertzale eluda apoyar declaraciones institucionales unánimes de respaldo a servidores públicos amenazados.
El lehendakari se pregunta si la sociedad está haciendo todo lo posible para transmitir lo ocurrido y evitar su repetición. Afirma que, aunque no se puede cambiar el pasado, está en nuestras manos extraer enseñanzas de la historia. Llama a la responsabilidad de fortalecer la convivencia y los valores democráticos todos los días.
Como ejemplo, menciona la actitud del primer Gobierno vasco de Agirre, que se negó a «abrazar la violencia». Concluye que, mirándose en el espejo y cultivando la memoria, será posible legar «un futuro en paz y convivencia». Finaliza diciendo que se lo deben a todas las personas que han sufrido para que nunca tengan que volver a preguntarse «hasta cuándo».
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