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Javier Perez Montes (CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons)

PP y Vox, 198 escaños: el 29-N se decide dentro de la derecha

Con la media de 25 encuestas, PP y Vox sumarían 198 escaños el 29-N y el resto de la Cámara, 152. Solo hay una mayoría posible, y eso traslada la verdadera competición de estas generales al interior de la derecha: lo que está en juego no es tanto quién gana como cuánto pesará Vox en el próximo Gobierno.

·19 de octubre de 2026·4 min de lectura

Con la media de 25 encuestas, PP y Vox sumarían 198 escaños el 29-N y el resto de la Cámara, 152. Solo hay una mayoría posible, y eso traslada la verdadera competición de estas generales al interior de la derecha: lo que está en juego no es tanto quién gana como cuánto pesará Vox en el próximo Gobierno.

Las campañas electorales españolas se han contado durante cuatro décadas como un duelo entre dos candidatos a la Moncloa. La aritmética que dejan hoy los sondeos para el 29 de noviembre no encaja en ese molde. Según la estimación del agregador de encuestas de Capitol, el PP obtendría 132 diputados (uno de ellos de UPN, con la que concurre en Navarra), el PSOE 106 y Vox 66. La suma de populares y Vox supera en 22 escaños la mayoría absoluta de 176. Todos los demás partidos juntos, del PSOE a Coalición Canaria pasando por Junts, se quedarían en 152.

Esa diferencia tiene una consecuencia institucional muy concreta. El artículo 99 de la Constitución permite investir a un presidente en segunda votación por mayoría simple, con más síes que noes. Es la puerta por la que han pasado gobiernos en minoría que contaban con abstenciones ajenas. Con estos números, esa puerta está cerrada para Alberto Núñez Feijóo si Vox se limita a abstenerse: sus 132 síes perderían frente a 152 noes. Para que una abstención de Vox bastara, otros 21 diputados tendrían que abstenerse también, y en esa parte de la Cámara solo el PSOE tiene por sí solo ese tamaño. El PP necesitaría el voto afirmativo de Vox, y un voto afirmativo en una investidura siempre tiene precio: un programa pactado, carteras ministeriales o ambas cosas.

No sería un terreno desconocido. PP y Vox compartieron gobiernos autonómicos tras las elecciones de 2022 y 2023 en Castilla y León, la Comunitat Valenciana, Aragón, Extremadura y la Región de Murcia, hasta que Vox los abandonó en julio de 2024 por el reparto de menores migrantes. Este año han vuelto a gobernar juntos en Andalucía, con Vox al frente de una vicepresidencia. Lo que nunca ha ocurrido es que esa negociación se traslade al Gobierno central, y la experiencia autonómica deja una lección para los dos partidos: el socio menor gana visibilidad dentro del Ejecutivo, pero también asume el desgaste de gestionar.

Por eso el dato más relevante de las encuestas no es el 31,8 % del PP, que apenas se ha movido en seis meses, sino el crecimiento de Vox. En la media simple de los sondeos ha pasado del 18,1 % a seis meses al 18,6 % en las últimas cuatro semanas, y su traducción en escaños es casi proporcional: con el 18,6 % de los votos obtendría el 18,9 % de la Cámara. El sistema electoral, que reparte los diputados provincia a provincia con el método D’Hondt, sigue premiando al primer partido, que con el 31,8 % de los votos se llevaría el 37,7 % de los escaños. Pero ese premio se estrecha en las provincias pequeñas, donde Vox ya compite con el PP por el último diputado, como muestra el reparto provincial de Capitol. Cada escaño que cambia de manos entre ellos no altera la mayoría del bloque, pero sí la relación de fuerzas en la negociación posterior.

En el otro lado, el problema del PSOE no es solo de votos. Con el 26,8 % mantendría un suelo sólido, superior al de 2015 o 2016, pero el espacio que en 2023 ocupaba Sumar se presenta ahora fragmentado en varias listas, y el sistema castiga la división con dureza. Frente Amplio, con el 5,3 % de los votos, obtendría 8 escaños; Podemos, con el 2,1 %, uno solo. Es la misma penalización que sufrió la derecha en abril de 2019, cuando PP, Ciudadanos y Vox sumaron casi el 43 % de los votos repartidos en tres listas y se quedaron en 147 diputados. Siete años después, la fragmentación ha cambiado de bloque.

Conviene, con todo, no leer la foto como un resultado. En julio de 2023 buena parte de los sondeos situaba a PP y Vox en el entorno de la mayoría absoluta y la noche electoral se quedaron en 170, más uno de UPN. La diferencia es que entonces el margen era de unos pocos escaños y hoy es de 22: haría falta un error de las encuestas mucho mayor, o un vuelco de campaña, para que la suma de la derecha bajara de 176. Los factores que podrían provocarlo son conocidos. Un trasvase de votos del PP o de Vox hacia el PSOE en las provincias medianas, donde se deciden los últimos escaños; una reagrupación del voto a la izquierda de los socialistas, que hoy se pierde por dispersión; y la participación, la variable que peor capturan los sondeos en unas elecciones convocadas a finales de noviembre.

Si ninguno de esos factores se activa, la noche del 29-N la pregunta no será quién gobierna, sino en qué condiciones. Y la respuesta dependerá menos de los 132 escaños del PP que de cuántos de los 66 de Vox se confirmen en las urnas. Los distintos repartos posibles pueden probarse en el simulador de pactos de Capitol, y el método de la estimación está explicado en la metodología.

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