El Frente Amplio reúne 15 partidos y tiene a Ada Colau como candidata, pero con el 5,3 % que le da hoy la media de encuestas de Capitol obtendría 8 escaños el 29-N: los mismos que Izquierda Unida en 2000 y una cuarta parte de los 31 de Sumar en 2023. La causa no es solo el voto perdido: por debajo del 6 %, el sistema provincial apenas reparte escaños fuera de Madrid y Barcelona.
El Frente Amplio se presentó en Madrid el 17 de octubre, al terminar el plazo para registrar coaliciones, como heredero del espacio que en 2023 concurrió bajo la marca Sumar. Lo forman, según sus promotores, 15 partidos estatales y regionales, entre ellos Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, los Comuns y Chunta Aragonesista. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona entre 2015 y 2023, es su candidata a la presidencia y encabeza la lista por Barcelona, con el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, de número dos; Emilio Delgado, de Más Madrid, encabeza la de Madrid. Podemos se quedó fuera: rechazó la última oferta, que según Delgado incluía puestos de salida en Madrid y Cataluña, porque suponía romper el pacto que ya había firmado con ERC. En Cataluña, Podemos no presentará lista y apoyará a Esquerra.
La coalición no tiene el mismo formato en todo el mapa. En Valencia, Alicante y Castellón se integra en la lista de Compromís-Front Valencià, que también incluye a Podemos; en Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, en Unidad del Pueblo Canario, con Nueva Canarias, Podemos e IU Canaria. Para el Senado ha pactado con el PSOE candidaturas conjuntas en una parte de las provincias. Es una marca nacional con tres caras: lista propia en el resto del mapa, socio de otras siglas en dos comunidades y aliado del PSOE en la Cámara Alta.
Por qué el 5 % vale tan poco
La media de las 25 encuestas publicadas en los últimos 28 días, que calcula el agregador de Capitol, sitúa al Frente Amplio en el 5,3 % a 19 de octubre. Sumar obtuvo el 12,3 % en julio de 2023, según los resultados oficiales del Ministerio del Interior. Si el voto se ha reducido a menos de la mitad, cabría esperar que los escaños también. No ocurre así: pasan de 31 a 8, una caída de tres cuartas partes.
La explicación está en el diseño del sistema electoral, no en las encuestas. El Congreso se elige en 52 circunscripciones, la mayoría pequeñas, y en cada una el método D’Hondt reparte pocos escaños. El politólogo Rein Taagepera resumió el efecto en una regla práctica: el umbral efectivo, el porcentaje a partir del cual un partido suele entrar, ronda el 75 % dividido entre el número de escaños más uno. En Madrid, que elige 38 diputados, ese umbral queda por debajo del 2 %. En Sevilla, con 12, ronda el 5,8 %. En Baleares o Bizkaia, con 8, sube al 8,3 %. En una provincia de 4 escaños, al 15 %.
Con el 12 % de 2023, Sumar obtuvo escaño en 19 provincias. Con menos de la mitad, el Frente Amplio solo supera el listón con holgura en las dos grandes. Capitol ha repartido por D’Hondt, provincia a provincia, su proyección de voto, que traslada la media nacional al mapa de 2023: el Frente Amplio sacaría 3 escaños en Madrid, 3 en Barcelona, 1 en Sevilla y 1 en Baleares. Ese sería todo su grupo. Sumar tenía en esas cuatro provincias 14 diputados; los otros 17 estaban repartidos entre 15 circunscripciones medianas, de Asturias a Cádiz. En doce de ellas el Frente Amplio no entraría, y en las otras tres (Valencia, Alicante y Las Palmas) concurre dentro de listas aliadas. Si se suman los 3 escaños de Compromís-Front Valencià y los 2 de Unidad del Pueblo Canario que da la misma estimación, el espacio completo llega a 13: aun así, menos de la mitad que en 2023.
Dicho de otro modo: en 2023, cada punto de voto de Sumar se convertía en 2,5 diputados; hoy, cada punto del Frente Amplio rinde 1,5. Un sistema que prima a los partidos grandes castiga a los medianos con más dureza cuanto más pequeños se hacen. Es el mismo efecto mecánico que sufrió Ciudadanos en noviembre de 2019, cuando con el 6,8 % de los votos se quedó en 10 escaños.
El precedente de 2000 y el riesgo de quedarse en la mitad
La cifra tiene un antecedente exacto. En las generales de 2000, Izquierda Unida obtuvo el 5,5 % y 8 diputados, después de haber logrado 21 en 1996 con el 10,5 %. Aquel año, además, el PSOE e IU presentaron candidaturas conjuntas al Senado en varias provincias, como ahora el PSOE y el Frente Amplio, y el acuerdo no evitó la mayoría absoluta del PP. La comparación tiene límites, porque en 2000 no existía a la derecha del PP un partido como Vox, pero señala el suelo al que tiende el espacio a la izquierda del PSOE cuando se divide y su voto baja del 6 %.
La proyección de Capitol muestra también dónde podría crecer sin grandes movimientos. En Málaga le faltarían unos 5.000 votos para arrebatar el último escaño; en Bizkaia, unos 5.500. En Girona, Tarragona, Asturias, Cádiz, A Coruña y Pontevedra, la distancia está entre 11.000 y 18.000 votos. Son cifras pequeñas para provincias de ese tamaño, y en las dos primeras son inferiores a los votos que la misma proyección atribuye a Podemos. Pero el riesgo es asimétrico. Capitol ha repetido el reparto moviendo el voto del Frente Amplio en la misma proporción en todas las provincias: con un punto más en la media nacional ganaría Málaga y Bizkaia y llegaría a 10 escaños; con medio punto menos se quedaría en 4, porque perdería Sevilla, Baleares (donde está en el 8,8 %, apenas por encima de su umbral efectivo) y un escaño en Madrid y otro en Barcelona. En torno al 5 %, el Frente Amplio está más cerca de perder la mitad de su grupo que de ampliarlo.
Ese margen estrecho pesa en el reparto global. Los escaños que el Frente Amplio no consigue no desaparecen: el D’Hondt los asigna al siguiente cociente más alto, que en la mayoría de esas provincias es el del PP, Vox o el PSOE. Por eso su tamaño influye en la aritmética de mayorías más de lo que sugiere su porcentaje, y por eso la suma de 198 escaños que hoy dan a PP y Vox las encuestas, analizada en la pieza sobre las mayorías posibles, depende en parte de lo que ocurra en esas provincias medianas.
Quedan tres incógnitas que la media todavía no recoge. La primera es el efecto de la candidata: la proyección reparte el voto según el mapa de 2023, y una lista encabezada por Colau podría concentrar en Barcelona más apoyo del que supone un reparto proporcional. La segunda es el reparto real entre el Frente Amplio y Podemos: la media aún incluye encuestas hechas antes de que se cerraran las coaliciones, y solo las que tengan trabajo de campo posterior al 17 de octubre medirán la oferta definitiva. La tercera es el voto útil hacia el PSOE, que el sistema provincial alimenta: en las circunscripciones donde el Frente Amplio no tiene opciones, el elector de izquierda sabe que su papeleta pesa más en otra lista.
Lo que convendrá vigilar en las próximas semanas es, por tanto, menos el porcentaje nacional que la posición del Frente Amplio en cinco o seis provincias de entre 6 y 12 escaños. Allí se decidirá si el heredero de Sumar repite el suelo de Izquierda Unida en 2000 o recupera el tamaño de grupo que tuvo la izquierda alternativa en 2011. Las candidaturas se presentan ante las juntas electorales entre el 21 y el 26 de octubre, los días 15 a 20 tras la publicación del real decreto de convocatoria en el BOE del 6 de octubre, como fija el artículo 45 de la LOREG. A partir de entonces el mapa de listas quedará cerrado y las encuestas tendrán una oferta definitiva que medir.


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