Con casi 200 militares en la base Mihail Kogălniceanu, la unidad española vigila 24h el flanco este de la OTAN ante drones rusos
Las claves
- El comandante Nacho Bengoechea recuerda que en Fetesti solo se realizó un alfa en cuatro meses y este año ya se llevan "30 y tantos" en dos meses y medio.
- Los pilotos realizan diariamente ensayos de "Tango Scramble" para mantener la preparación.
- La base está situada en Constanza, a menos de 12 millas navales del espacio soberano OTAN.
- Un F-18 puede recorrer los 400 km hasta Crimea en 15-20 minutos.
La unidad está dotada de siete cazas F-18 y tres helicópteros NH-90, que vigilan las 24 horas del día frente al creciente avistamiento de drones rusos en la región.
El comandante Nacho Bengoechea explica que en la visita anterior a Fetesti solo se realizó un alfa en cuatro meses. En cambio, este año, en dos meses y poco, ya se llevan «30 y tantos».
Cada día las tripulaciones realizan ensayos de «Tango Scramble» para mantener la preparación operativa.
La base se encuentra en Constanza, una ciudad costera que opera a menos de 12 millas navales del espacio soberano de la OTAN. Un F-18 puede recorrer los 400 kilómetros hasta la península de Crimea en quince o veinte minutos, lo que muestra la proximidad del conflicto.
La coordinación de la misión se realiza desde el centro de control rumano CRC Crystal y bajo la supervisión del CAOC de Torrejón, liderado por un general español.
La mayoría de los pilotos tienen entre 23 y 27 años y utilizan cascos de última generación con visor «sexta pantalla». Bengoechea señala que la verdadera dificultad radica en gestionar simultáneamente la información que suministra el avión.
El escuadrón cuenta con 91 especialistas en armamento, electricidad, combustible y motores, distribuidos en varios talleres. Por cada dos cazas que salen a volar, intervienen entre 40 y 45 personas en tierra para garantizar el correcto funcionamiento.
El comandante Luis Benítez, responsable del grupo de mantenimiento, afirma que su labor es asegurar la disponibilidad y operatividad de los aviones en la misión. Benítez también destaca que, aunque el piloto sea la cara visible, detrás de cada despegue hay mucha gente, dedicación y horas de trabajo.
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