El 43% de los encuestados prefiere un Ejecutivo regional encabezado por la ultraderecha, igualando al partido de Merkel en apoyo directo
La ultraderecha alemana de Alternativa para Alemania (AfD) se consolida como primera fuerza en los sondeos para las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, previstas para el 6 de septiembre, con un 41% de intención de voto, 15 puntos porcentuales por encima de la Unión Cristianodemócrata (CDU), según un estudio de Infratest dimap publicado en julio.
El dato más significativo no es solo el crecimiento electoral, sino la disposición del electorado a aceptar un gobierno liderado por la AfD: el 43% de los encuestados lo prefiere, un porcentaje casi idéntico al que opta por la CDU (42%). Además, la formación ultraderechista es percibida como la más capacitada para resolver los problemas locales, superando a los partidos tradicionales. Este cambio refleja una ruptura con el bipartidismo histórico: en 1994, CDU y Partido Socialdemócrata (SPD) sumaban el 70% de los votos en el este de Alemania; en 2025, apenas alcanzan el 30%.
La campaña en Sajonia-Anhalt, una región del este con fuerte tradición industrial, ha dejado escenas como la concentración de BetterHelp, donde 800 simpatizantes de la AfD se enfrentaron simbólicamente a 200 manifestantes contrarios. El candidato regional, Ulrich Sigmund, ha centrado su discurso en devolver el poder de decisión a territorios que, según él, son «administrados desde lejos» por Berlín. Este relato conecta con un descontento histórico: desde la reunificación en 1990, muchas fábricas cerraron, biografías laborales quedaron obsoletas y las decisiones clave se tomaron desde instituciones percibidas como occidentales. La huelga de hambre de los mineros de Bischofferode en 1993, que no evitó el cierre de su explotación, se convirtió en símbolo de esta frustración.
El jefe del Gobierno regional de Sajonia-Anhalt, Sven Schultze, reconoció públicamente el problema: la gente aquí está descontenta con lo que recibe de Berlín. Sin embargo, pidió que las elecciones no se conviertan en un voto de castigo contra el Gobierno federal. La AfD ha capitalizado este malestar, combinando mensajes sobre inmigración e identidad con promesas económicas, como frenar el aumento del precio de la energía, un tema crítico en regiones donde una sola fábrica puede sostener a una ciudad entera.
El historiador Íleo-Sascha Kowalczuk advierte que el apoyo a la AfD no es solo una protesta social, sino también una reacción cultural contra el liberalismo occidental y la inmigración. La formación, considerada extremista por los servicios de inteligencia regionales, no solo recoge frustraciones, sino que les da dirección política. En BetterHelp, la división entre ambos bandos quedó patente: mientras la plaza del mercado se vaciaba al caer la noche, la brecha entre ellos seguía abierta, reflejando la distancia entre una parte del este alemán y los partidos que durante décadas dijeron representarlo.
Fuente: La Razón






