El nuevo presidente ultraderechista anuncia una política de «mano dura» contra el narcotráfico y el crimen organizado, incluyendo herbicidas de última generación
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció este viernes en su discurso de investidura en Cali que la opción del diálogo está completamente agotada con los grupos armados ilegales del país, marcando un giro hacia una estrategia de confrontación directa. «En la hora del tigre será contundente y frentero contra el crimen», declaró en el Cantón Militar Pichincha, donde juró el cargo para el periodo 2026-2030.
De la Espriella acusó al anterior Gobierno de ser suficientemente cómplice con las organizaciones criminales y prometió atacar sin tregua al narcoterrorismo. Su discurso, dirigido a la ciudadanía, hizo un llamamiento a constituirse en defensores de la patria para recuperar la seguridad y la libertad. Este enfoque rompe con la política de negociación que caracterizó a administraciones anteriores, como la de Gustavo Petro, cuyo Gobierno impulsó diálogos de paz con grupos como el ELN y las disidencias de las FARC.
Entre las medidas concretas anunciadas, el mandatario confirmó el regreso de las fumigaciones aéreas contra cultivos ilícitos, una práctica suspendida en 2015 por orden de la Corte Constitucional debido a sus efectos en la salud y el medio ambiente. De la Espriella aseguró que empleará herbicidas de última generación que, según él, no dañarán a la población ni al ecosistema. La Corte, sin embargo, mantiene restricciones legales sobre estas operaciones, lo que podría generar tensiones institucionales si el Gobierno intenta implementarlas sin ajustes normativos.
El anuncio llega en un contexto de aumento de la violencia en regiones como Cauca y Nariño, donde grupos armados disputan el control territorial vinculado al narcotráfico. Analistas señalan que la estrategia de «mano dura» podría exacerbar los enfrentamientos, especialmente si no se complementa con políticas sociales en zonas rurales. Además, la reactivación de las fumigaciones podría afectar a comunidades campesinas, que históricamente han denunciado daños colaterales en sus cultivos legales.
La postura de De la Espriella también tiene implicaciones internacionales. Estados Unidos, principal aliado de Colombia en la lucha antidrogas, ha condicionado su apoyo a políticas que respeten los derechos humanos. La Unión Europea, por su parte, ha expresado reservas sobre métodos coercitivos sin garantías ambientales. El presidente no mencionó en su discurso posibles alianzas con estos actores, pero su enfoque prioriza la seguridad sobre la cooperación multilateral.
Fuente: Agencia EFE







