Madrid, entre las comunidades que retrasan o rechazan la herramienta, pese a la obligación legal vigente desde 2022
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y al menos otras dos comunidades autónomas mantienen sin activar el registro de objetores al aborto, pese a que la ley les obliga a implementarlo. Algunas, como Madrid, expresan abiertamente su oposición, mientras otras dilatan los trámites burocráticos para evitar su funcionamiento efectivo.
La Ley Orgánica 1/2023, de 28 de febrero, modificó la normativa de salud sexual y reproductiva para garantizar el acceso al aborto en la sanidad pública. Entre sus disposiciones, estableció la creación de un registro de profesionales sanitarios objetores, con el fin de organizar los servicios y evitar que la objeción de conciencia obstaculice el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. La norma entró en vigor en marzo de 2023, pero tres comunidades —Madrid, Castilla y León y Aragón, según fuentes del Ministerio de Sanidad— aún no han puesto en marcha el sistema.
El incumplimiento no es uniforme. Mientras Madrid ha manifestado públicamente su rechazo a la ley, otras comunidades optan por estrategias más discretas, como retrasar la publicación de decretos autonómicos o no asignar recursos para su gestión. En el caso de Aragón, el Gobierno regional alegó en junio de 2024 que «la complejidad técnica» del registro retrasaba su implantación, aunque no especificó plazos. Castilla y León, gobernada por el PP en coalición con Vox, tampoco ha activado el sistema, sin ofrecer explicaciones formales.
El Ministerio de Sanidad, competente en la coordinación sanitaria, ha recordado en varias ocasiones a las comunidades su obligación legal, pero carece de herramientas para imponer sanciones. La ley no prevé mecanismos coercitivos, por lo que el cumplimiento depende de la voluntad política de cada gobierno autonómico. Organizaciones como la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI) han denunciado que la falta de registros dificulta la planificación de los servicios y puede derivar en desigualdades territoriales en el acceso al aborto.
El conflicto refleja la tensión entre el Gobierno central, que impulsó la reforma, y varias comunidades gobernadas por la derecha, que han cuestionado su constitucionalidad. El Tribunal Constitucional admitió a trámite en 2023 un recurso del PP contra la ley, pero aún no ha resuelto. Mientras, el registro sigue sin aplicarse en al menos tres territorios, pese a que la norma obliga a su funcionamiento desde hace más de un año.
Fuente: infoLibre






