La central extremeña, en funcionamiento desde hace cuatro décadas, genera energía estable sin emisiones y su clausura elevaría costes para hogares y empresas
El Gobierno español mantiene el plan de clausura de la central nuclear de Almaraz (Cáceres), que aporta alrededor del 7% de la electricidad nacional, a pesar de que la Unión Europea ha incluido la energía nuclear en su estrategia energética. La instalación, en funcionamiento desde hace más de cuatro décadas, produce energía de forma continua y sin emisiones de CO₂, según datos del sector.
La decisión de cerrar Almaraz se enmarca en la política energética del Ejecutivo, que prioriza las renovables intermitentes sin un respaldo fósil equivalente. Expertos del sector estiman que sustituir la capacidad nuclear por energías renovables requeriría inversiones superiores a 40.000 millones de euros, además de un aumento en el uso de materiales críticos como litio, cobre o tierras raras, cuya extracción genera impacto ambiental. En contraste, prolongar la vida útil de las centrales existentes sería más económico y sostenible, según el texto.
El cierre de Almaraz podría elevar los costes energéticos para familias y empresas, en un país con una de las tarifas eléctricas más altas de Europa. La central extremeña, gestionada con estándares de seguridad y eficiencia, actúa como base firme del sistema eléctrico, algo que las renovables no pueden garantizar por su intermitencia. «La volatilidad que introducen las renovables, cuando no hay respaldo suficiente, desincentiva la inversión», señala el texto fuente.
Países como Francia, Suecia o Finlandia han optado por mantener y ampliar su parque nuclear como parte de su estrategia climática y de competitividad industrial. Francia, por ejemplo, genera más del 70% de su electricidad con energía nuclear, lo que le permite mantener precios más bajos y mayor autonomía energética. En España, la clausura de Almaraz supondría renunciar a una fuente estable y barata, aumentando la dependencia del gas argelino y de combustibles fósiles, como ocurrió en Alemania tras su apagón nuclear.
El debate energético en España enfrenta dos modelos: uno basado en la combinación de renovables y nuclear, y otro que apuesta exclusivamente por las primeras. La energía nuclear no solo ofrece estabilidad, sino que también genera empleo cualificado en sectores como ingeniería, física o metalurgia. España, pionera en este ámbito durante los años ochenta, aún conserva capital humano especializado, cuya pérdida supondría un desperdicio de talento, según el análisis.
Fuente: The Objective







