El ministro del Interior se reúne con el delegado del Gobierno y el presidente autonómico tras semanas de saturación en servicios públicos y protestas vecinales
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha sido recibido con gritos y abucheos este jueves en Ceuta, donde la presión migratoria ha desbordado los servicios públicos y generado un clima de frustración entre los vecinos. Decenas de ciudadanos se congregaron frente a la Delegación del Gobierno para expresar su malestar por la gestión del Ejecutivo, en una ciudad que acumula semanas de incidentes, saturación en centros de acogida y denuncias de falta de control.
La visita de Marlaska, centrada en evaluar la situación y coordinar medidas de refuerzo, se produce en un contexto crítico. Los cuerpos de seguridad y los servicios sociales operan al límite de sus capacidades, mientras la tensión en las barriadas y la lentitud en la adopción de soluciones han alimentado las protestas. El ministro defendió que el Ejecutivo mantiene el control y trabaja para garantizar la seguridad, aunque la realidad sobre el terreno contrasta con estas declaraciones.
Ceuta, con una población de 83.000 habitantes, ha registrado en las últimas semanas un aumento significativo de llegadas de inmigrantes irregulares, lo que ha colapsado los recursos locales. La ciudad autónoma, que carece de competencias en materia de fronteras —gestionadas por el Estado—, depende de las decisiones del Gobierno central para desplegar refuerzos policiales o ampliar la capacidad de acogida. Esta dependencia ha intensificado las críticas hacia Marlaska, acusado de no actuar con la rapidez necesaria.
Por la tarde, el ministro tiene previsto reunirse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, para analizar las actuaciones previstas. Vivas, del PP, ha exigido en repetidas ocasiones medidas urgentes, como la devolución inmediata de los inmigrantes que llegan de forma irregular o el refuerzo de la colaboración con Marruecos. El Gobierno insiste en la protección de las fronteras y la cooperación con Marruecos, sin concretar plazos ni acciones específicas.
La crisis migratoria en Ceuta se ha convertido en un desafío político de primer orden, con implicaciones para la estabilidad social y la relación entre el Gobierno central y las autonomías. Mientras, los vecinos denuncian que la situación ha deteriorado su calidad de vida, con un aumento de la inseguridad y la saturación de servicios básicos como la sanidad o la educación. La falta de respuestas claras ha llevado a movilizaciones espontáneas, como la registrada durante la visita de Marlaska, que reflejan un malestar creciente.
Fuente: La Razón
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