El Gobierno de Rabat insiste en que la legislación española es el principal impedimento para el retorno de los menores, pero expertos advierten que suprimir esas ‘trabas’ equivaldría a eliminar las garantías para los menores
El procedimiento de repatriación de menores no acompañados es un proceso largo y costoso, que implica la participación de varios actores, incluyendo a la representación diplomática del país de origen, el Ministerio Fiscal, los servicios de protección y un juez. Este proceso se basa en la idea de que el menor tiene derecho a ser escuchado y a que se considere su voluntad en la toma de decisiones.
Además, la Ley de Extranjería establece que la repatriación de menores no acompañados debe ser realizada de manera individualizada y motivada, lo que significa que cada caso debe ser analizado de manera específica y que se deben considerar las circunstancias particulares del menor. Esto es importante para garantizar que el menor no sea devuelto a un país donde pueda correr peligro o sufrir daños.
En este sentido, la jurisprudencia de los máximos tribunales españoles y europeos ha establecido que la repatriación de menores no acompañados debe ser realizada de acuerdo con los principios de protección de los derechos humanos y la protección de la infancia. Esto significa que cualquier decisión de repatriación debe ser fundamentada en la consideración de las circunstancias individuales del menor y en la garantía de que no correrá peligro o sufrirá daños.
La posición del Gobierno de Rabat de que la legislación española es el principal impedimento para el retorno de los menores no está respaldada por la jurisprudencia y la práctica de los tribunales españoles y europeos, que han establecido que la repatriación de menores no acompañados debe ser realizada de acuerdo con los principios de protección de los derechos humanos y la protección de la infancia.
Fuente: El Español
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