Un grupo de 156 refugiados, alojados en un campamento provisional, recogen residuos junto a los servicios municipales para dignificar el espacio
Decenas de migrantes senegaleses alojados en un campamento provisional junto a la playa de El Trampolín, en Ceuta, han iniciado una campaña de limpieza diaria del espacio donde aguardan su reubicación. La iniciativa, impulsada por los propios refugiados, cuenta con la colaboración de los servicios municipales de limpieza, que les permitieron sumarse a las tareas tras recibir su solicitud. En total, 156 senegaleses participan en la recogida de residuos, organizados en equipos y provistos de bolsas.
Djibril, uno de los migrantes, explicó a EFE que la acción busca dignificar el lugar donde pasan los días y demostrar que no han llegado para ensuciar ni molestar. «Este desorden es nuestro, no suyo», subrayó. Los participantes destacan que, pese a las condiciones precarias —diez días a la intemperie sin poder cambiarse de ropa ni ducharse—, su prioridad es contribuir y evitar que la imagen del asentamiento defina su situación. Entre ellos hay profesionales cualificados, como mecánicos, carpinteros o conductores de camiones pesados, que rechazan ser asociados a la dependencia de ayudas.
El gesto adquiere un significado simbólico para los migrantes, que lo ven como una «tarjeta de presentación» hacia la sociedad española. «Pedimos perdón al pueblo español por la forma en que hemos entrado, pero necesitamos que el Gobierno nos ayude, nos traslade a centros adecuados y nos permita recomenzar», declaró Djibril. La limpieza se enmarca en un contexto de vulnerabilidad extrema: muchos de los refugiados relatan haber arriesgado sus vidas en la travesía marítima, con testimonios que aluden a compañeros fallecidos en el intento.
La coordinación con los servicios municipales de Ceuta refleja una dinámica atípica en la gestión de asentamientos migratorios. Mientras las autoridades no han emitido una respuesta oficial sobre su reubicación, los migrantes mantienen la limpieza como rutina diaria. La playa de El Trampolín, convertida en un punto de espera prolongada, concentra a personas que rechazan ser devueltas a Marruecos, según declaraciones recogidas por el medio.
El caso pone de relieve las contradicciones en la acogida de migrantes en Ceuta, donde la falta de infraestructuras adecuadas choca con la voluntad de integración expresada por los propios afectados. La reivindicación de empleo y dignidad contrasta con la realidad de un sistema que, hasta ahora, no ha ofrecido alternativas concretas más allá del campamento provisional.
Fuente: El Confidencial (se abre en otra pestaña)
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