La Comisión esperó la semana pasada la prórroga de los aranceles, que expiraban el viernes, y admite que la relación con EE. UU. seguirá siendo volátil.
Un año después del acuerdo comercial de Turnberry, por el que la Comisión Europea aceptó aranceles generales de EE. UU. de hasta el 15% y redujo sus propios gravámenes a bienes industriales americanos, el Ejecutivo comunitario sigue defendiendo el pacto como el mejor posible, pero la estabilidad prometida no se ha materializado.
La Comisión pasó los últimos días de la semana pasada esperando la prórroga de los aranceles generales, que expiraban el pasado viernes. Los portavoces comunitarios aseguraban tener el compromiso verbal de la Administración Trump de respetar el techo del 15%, pero Bruselas no tiene una garantía firme de que la Casa Blanca vaya a cumplir un acuerdo que la UE ya ha ratificado y EE. UU. no.
El ruido de sables rodeó la multa de 890 millones de euros a Google por incumplir la Ley de Mercados Digitales, un ejemplo de la desconfianza sobre cómo reaccionará Trump ante sanciones europeas. Además, la Comisión ha aceptado nuevos aranceles de EE. UU. por trabajo forzoso y sigue de cerca una investigación contra el sector farmacéutico alemán por precios altos.
El acuerdo se basó en tres pilares: el apoyo de EE. UU. a Ucrania, un arancel del 15% más bajo que el de competidores y un marco de estabilidad para las empresas europeas. Un año después, el argumento de la estabilidad se ha esfumado: el pacto sigue basándose en promesas americanas, mientras Trump ha atacado a varios Estados miembros y ha coqueteado con usar la fuerza por Groenlandia.
Matthias Jorgensen, director general adjunto de Comercio, admitió ante eurodiputados que la relación con EE. UU. «seguirá siendo volátil». La Comisión tiene herramientas dentro del acuerdo para responder si EE. UU. rompe sus compromisos, pero el único argumento que se sostiene es el techo del 15%, cuya resistencia genera dudas a ambos lados del Atlántico.
Fuente: Agenda Pública







