La formación de Abascal condiciona su apoyo en Castilla y León y Valencia al traslado de menores no acompañados desde Ceuta y Canarias
Vox ha puesto sobre la mesa el reparto de 1.400 menores extranjeros no acompañados entre comunidades autónomas como condición para mantener su apoyo a los gobiernos autonómicos del PP en Castilla y León y la Comunidad Valenciana. La exigencia llega dos años después de que la formación de Santiago Abascal abandonara los primeros ejecutivos de coalición con los populares tras aceptar el traslado de 347 menores desde Canarias y Ceuta, un precedente que ahora se repite con una cifra cuatro veces mayor.
El desencadenante de la nueva tensión es la llegada masiva de decenas de miles de personas a Ceuta los días 30 y 31 de julio, que ha elevado a 1.400 el número de menores bajo custodia estatal. Mientras el Gobierno central —en manos del PSOE— gestiona la crisis, Vox ha trasladado su ultimátum a los presidentes autonómicos populares, Alfonso Fernández Mañueco y Carlos Mazón, advirtiendo de que la negativa al reparto podría llevarles a romper la coalición. Ambos gobiernos dependen de los votos de Vox en sus respectivos parlamentos para aprobar presupuestos y leyes clave.
La estrategia de Abascal refleja un patrón consolidado: usar su influencia en gobiernos regionales como palanca para presionar al PP a nivel nacional. En 2024, la ruptura de los primeros pactos con los populares se produjo tras un acuerdo similar, aunque entonces la cifra de menores era significativamente menor. Ahora, con 1.400 casos, la presión se intensifica en
El PP, por su parte, se encuentra en una encrucijada: aceptar el reparto podría alienar a parte de su electorado más conservador, mientras que rechazarlo arriesga la estabilidad de dos gobiernos autonómicos clave. La decisión también afecta a otras comunidades gobernadas por el PSOE, como Andalucía o Extremadura, que podrían verse obligadas a asumir parte de los menores si se aprueba un reparto estatal. Hasta ahora, el Gobierno central no ha anunciado un plan concreto, lo que deja en manos de las autonomías la gestión de la crisis.
El conflicto se enmarca en un año electoral decisivo, con elecciones autonómicas pendientes en Cataluña y Galicia. Vox busca consolidar su perfil como fuerza de oposición dura al Gobierno de Pedro Sánchez, mientras el PP intenta evitar una ruptura que debilite su posición negociadora en el Congreso, donde depende de los votos de Vox para aprobar iniciativas legislativas. La gestión de los menores migrantes se ha convertido así en un campo de batalla político con consecuencias inmediatas en la gobernabilidad de varias regiones.
Fuente: ABC







