El escaño que Madrid gana el 29-N, el 38, sería hoy para Vox, pero por solo 2.426 votos de cociente sobre el PP, según la proyección provincial de Capitol con la media de 26 encuestas a 19 de octubre. Y al PP le basta con que cualquiera de tres listas pierda entre 9.600 y 27.000 votos.
Madrid elegirá el 29 de noviembre 38 diputados, uno más que en 2023. Ese escaño lo pierde Cádiz, que baja de nueve a ocho, y lo fija el anexo del Real Decreto 806/2026 de convocatoria, que reparte los 350 diputados según la población de cada provincia. Con los datos de hoy, ese escaño nuevo es justo el que está en el aire. Capitol ha aplicado el método D’Hondt a su proyección para la provincia, construida con la media de 26 encuestas de los últimos 28 días (agregador de Capitol, 19 de octubre), y el resultado es PP 15, PSOE 10, Vox 9, Frente Amplio 3 y Podemos 1. Si Madrid siguiera eligiendo 37, el noveno de Vox no entraría y el reparto sería idéntico en todo lo demás.
La comparación con 2023 dice mucho de cómo ha cambiado la provincia. Hace tres años, según los resultados oficiales del Ministerio del Interior, el PP sacó en Madrid el 41,3 % de los votos válidos y 16 escaños, el PSOE el 27,9 % y 10, Sumar el 15,9 % y 6, y Vox el 13,6 % y 5. La proyección de hoy deja al PP en el 38,7 % del voto a candidaturas y le quita un diputado aunque haya uno más en juego; Vox sube al 22,4 % y casi duplica su representación, y deja en el filo exacto del corte al noveno de la lista que encabeza Santiago Abascal, ratificada este lunes por la dirección nacional del partido. El PSOE, con el 25,0 %, conserva sus diez. Y los seis de Sumar se convierten en tres del Frente Amplio y uno de Podemos.
Un pelotón, no un duelo
Contado así parece un mano a mano entre Vox y el PP, y en la foto de hoy lo es: el noveno cociente de Vox, sus 797.419 votos proyectados divididos entre nueve, da 88.602; el decimosexto del PP, 1.378.811 entre dieciséis, da 86.176. Basta que unos 14.000 electores de Madrid pasen de una papeleta a la otra, menos de cuatro décimas del voto, para que el escaño cambie de manos. Si el PP creciera sin quitarle nada a Vox, necesitaría 38.800 votos más; si Vox perdiera votos hacia la abstención o hacia otras listas, el escaño caería con unos 21.800 menos.
Pero lo interesante del gráfico es lo que pasa justo por encima de la línea. Los tres últimos escaños que entran están apiñados en menos de 800 votos de cociente: el tercero del Frente Amplio (89.366), el décimo del PSOE (88.880) y el noveno de Vox (88.602). D’Hondt no reparte el último escaño entre dos partidos, sino que se lo quita al que tenga el cociente más bajo de los que han entrado y se lo da al que tenga el más alto de los que se han quedado fuera. Y fuera, con mucha diferencia, solo hay un aspirante real: el PP. El siguiente de la cola, el undécimo del PSOE, se queda en 80.800, a casi 8.000 votos de cociente del corte.
Esa asimetría convierte al PP en el beneficiario de cualquier tropiezo ajeno, venga del bloque que venga. Al Frente Amplio le bastaría con perder unos 9.600 votos de los 268.098 que le atribuye la proyección (un 3,6 % de su electorado en Madrid) para que su tercer diputado pasara al PP. Al PSOE le haría falta perder unos 27.000; a Vox, los 21.800 ya citados. En votos absolutos, el escaño más frágil de Madrid no es el de Vox, sino el del Frente Amplio. En la izquierda hay además un matiz: en Madrid, la división entre Frente Amplio y Podemos no cuesta escaños. Sumando sus votos, 401.650, saldrían cuatro diputados, los mismos que separados; el coste de ir por separado, como se explicó en el análisis sobre el Frente Amplio, está en Málaga y Bizkaia.
Esto importa más allá de la provincia. Con la media nacional, el PP y Vox suman hoy una mayoría absoluta holgada, y el reparto interno pesa: como recordaba el análisis sobre los 198 escaños, el artículo 99 de la Constitución obligaría al PP a contar con el voto afirmativo de Vox en la investidura. Un escaño de Madrid no cambia esa aritmética, pero sí la proporción de fuerzas entre los dos socios, y esa proporción se negocia. En el caso contrario, si el escaño saliera del Frente Amplio o del PSOE, sería un diputado que cambia de bloque.
El 3 % que solo muerde en Madrid y Barcelona
Hay un tercer actor que no aparece en el reparto y que podría desordenarlo todo. La proyección atribuye a SALF, la candidatura de Alvise Pérez, 92.948 votos en Madrid, el 2,6 %. Con ese apoyo su primer cociente es su voto entero, y 92.948 está por encima de cualquiera de los que se disputan el corte. Si no entra es solo por la barrera legal: el artículo 163 de la LOREG excluye del reparto a las listas que no alcanzan el 3 % de los votos válidos de la circunscripción, blancos incluidos. En 2023 ese listón estaba en Madrid en 108.260 votos. Si la participación se pareciera a la de entonces, SALF necesitaría unos 15.000 votos más, y si los lograra, el diputado que entregaría la provincia sería el último que entra: hoy, el noveno de Vox.
Es un efecto que casi ningún otro sitio de España conoce. La barrera del 3 % es irrelevante en una provincia de cinco o seis escaños, donde hace falta mucho más para entrar. Los politólogos lo miden con el umbral efectivo de Taagepera, que estima el porcentaje a partir del cual se suele obtener representación: 75 dividido entre el número de escaños más uno. En Valencia, con 16, sale un 4,4 %, por encima de la barrera legal. Solo en Barcelona (32 escaños, 2,3 %) y en Madrid (38 escaños, 1,9 %) el umbral natural del sistema queda por debajo del 3 %, y por tanto solo allí la ley puede dejar fuera a una lista que, por aritmética pura, tendría diputado. Podemos, con el 3,8 % proyectado, está unos 25.000 votos por encima del listón: suficiente hoy, pero sin el colchón que tienen los demás.
Conviene no confundir precisión con certeza. Una diferencia de cuatro décimas en una provincia es mucho menor que el error de cualquier encuesta, y la proyección traslada a Madrid una media nacional en lugar de medir la provincia directamente; el método está explicado en la metodología. Lo que sí es robusto es la estructura: cuatro cocientes en una franja de 3.200 votos, un único aspirante desde fuera y una lista que espera al otro lado de la barrera. En 2023 el último escaño de Madrid fue para el PP con un cociente de 93.056 votos, y al PSOE le faltaron 15.564 para quitárselo. Esa vez el margen también era estrecho; esta vez el corte es más bajo y hay más listas cerca de él.
Lo que hay que vigilar en las próximas semanas está claro. Primero, las candidaturas que se presenten ante la Junta Electoral Provincial entre el 21 y el 26 de octubre: si SALF concurre en Madrid y con qué lista. Segundo, si la caída del espacio a la izquierda del PSOE se frena o continúa, porque es el escaño más barato de arrebatar. Y tercero, el trasvase entre el PP y Vox, que en Madrid no decide quién gana, pero sí con cuánta ventaja dentro de la derecha. El 29-N, el último diputado de la provincia más poblada puede depender de menos votantes de los que tiene un solo barrio de Carabanchel.


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