Girona tiene el último escaño más disputado de España: con la media de encuestas del 19 de octubre, el sexto diputado de la provincia sería de Vox por 84 votos sobre el segundo de Junts, y el PP espera a 737. Es un empate a tres, y lo que lo deshaga no está en las encuestas nacionales, sino en los votos de los partidos que no se presentan.
Girona elige seis diputados, y desde hace años el sexto se decide por poco. En 2023 fue el segundo de Junts, que lo retuvo con 2.097 votos más de los que necesitaba el PP para quitárselo, según el resultado oficial. Es la provincia de Carles Puigdemont, que fue su alcalde, y la única en la que Junts supera el 20 % del voto: un 20,85 % en 2023, frente al 9,68 % de Barcelona. Si hay un sitio donde Junts debería sentirse a salvo es este. No lo está.
La proyección provincial de Capitol, que traslada a cada circunscripción la media de 26 encuestas publicadas en los últimos 28 días, reparte hoy así los seis escaños de Girona: dos para el PSOE, dos para ERC, uno para Junts y uno para Vox. Respecto a 2023 hay dos movimientos, y conviene separarlos porque obedecen a causas distintas. El primero ocurre dentro de la izquierda: el escaño que tenía Sumar se pierde con la caída del espacio que ahora encabeza el Frente Amplio (del 11,9 % al 6,6 % del voto a los principales partidos) y pasa a ERC, que concurre con Podemos y sube del 16,0 % al 22,4 %. El segundo es el que importa aquí: el segundo diputado de Junts deja de estar asegurado y entra en una pelea a tres con Vox y el PP.

El sistema D’Hondt reparte los escaños dividiendo los votos de cada lista entre 1, 2, 3… y asignándolos a los cocientes más altos. En Girona, los escaños quinto y sexto se juegan entre cuatro cocientes que caben en 1.218 votos: el segundo de ERC (28.234), el primero de Vox (27.753), el segundo de Junts (27.711) y el primero del PP (27.016). A Junts le bastarían 84 votos más para recuperar su segundo diputado, o que Vox perdiera 43. El PP necesitaría 737 votos más, o que unos 370 electores pasaran de Vox al PP, porque cada voto que cambia de uno a otro mueve los dos cocientes a la vez. Incluso ERC está en el filo: si perdiera unos 960 votos, su segundo escaño caería y entrarían a la vez Vox y Junts.
Ochenta y cuatro votos son el 0,03 % del voto que la proyección atribuye a estas candidaturas. Ninguna encuesta mide con esa precisión, y menos en una provincia que no muestrea por separado. Así que lo honesto no es decir que Vox ganaría ese escaño, sino que Girona está empatada: cualquiera de los tres puede quedárselo con desplazamientos de voto muy inferiores al error de cualquier sondeo. Puede comprobarse con la calculadora D’Hondt de Capitol, moviendo unas décimas a cualquiera de los tres.
Girona no es un caso aislado, pero sí el extremo. Con la misma proyección, en once circunscripciones el aspirante que se queda fuera está a menos de medio punto del último escaño. Las más ajustadas, después de Girona, son Gipuzkoa, donde el PNV está a 115 votos de quitarle un diputado al PSOE; Huesca, donde el PP está a 157 de Vox, y Santa Cruz de Tenerife, donde Unidad del Pueblo Canario aventaja al PP en 216. En las elecciones de una mayoría ajustada, son estos escaños, y no las grandes provincias, los que mueven la cuenta final.

Un umbral de once puntos
Hay una razón estructural para que Girona produzca estos empates. En una circunscripción de seis escaños, el umbral efectivo, el porcentaje a partir del cual un partido suele obtener representación, ronda el 10,7 %, según la fórmula clásica del politólogo Rein Taagepera (75 dividido entre el número de escaños más uno). La proyección sitúa a Vox en el 11,0 % y al PP en el 10,7 % del voto a los principales partidos: los dos sobre la línea exacta en la que un escaño se gana o se pierde. Juntos suman un 21,7 %, casi lo mismo que Junts (22,0 %), pero divididos se disputan un solo diputado. La barrera legal del 3 % es irrelevante en Girona; la que cuenta es la que impone el tamaño de la provincia.
El efecto es simétrico. En la izquierda, el Frente Amplio, con el 6,6 % y unos 16.700 votos, se queda sin nada, igual que en la derecha se quedaría el PP si el escaño fuera para Vox. Entre los dos y SALF, el partido de Alvise Pérez, que la proyección deja en el 1,0 %, cerca de uno de cada cinco votos de Girona no elegiría a nadie. En 2023 ocurrió algo parecido: Vox (7,1 %) y el PP (9,8 %) se repartieron el voto de la derecha estatal y no sacaron ningún diputado.

Lo que el gráfico no enseña es lo más frágil de la proyección. Para calcularla, Capitol aplica a cada provincia la evolución de la media nacional sobre el resultado de 2023: si Vox crece en torno a un 50 % en España respecto a 2023, crece de forma parecida en Girona, del 7,6 % al 11,0 % del voto a los principales partidos. Es un supuesto razonable para el conjunto del país y discutible para Cataluña, donde la competencia de partidos es otra. El método lo explica, y también su límite: no mide la provincia directamente.
Los microdatos del CIS ayudan a ver si el supuesto se sostiene, con cautela. En el barómetro de noviembre de 2025 (estudio 3530), los 540 entrevistados en Cataluña daban a Vox un 12,6 % en voto más simpatía, frente al 7,7 % que recordaba haberle votado en 2023; Junts bajaba del 7,8 % de recuerdo al 5,7 %. Apunta en la misma dirección que la proyección. Pero la submuestra es pequeña, el recuerdo de voto que declaran los entrevistados del CIS suele desviarse del resultado real y el dato tiene once meses. Y deja una pista más interesante: de los catalanes que recordaban haber votado a Junts en 2023 (solo 52 entrevistas), un 60 % repetía y un 15 % señalaba «otro partido», una categoría en la que entonces cabía Aliança Catalana.
Los votos de los que no se presentan
Ahí está, probablemente, la variable que decidirá Girona. Aliança Catalana no concurrirá el 29 de noviembre. Su líder, Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, en la propia provincia, lo justificó porque, según declaró, sus votantes «no son españoles» y no quieren condicionar la política española. Esa decisión saca de la papeleta a la formación que disputa a Junts una parte del electorado independentista. Qué hagan sus simpatizantes es justo lo que la proyección no puede saber: si se abstienen, como sugiere el argumento de Orriols, todo queda como está; si una parte vuelve a Junts, bastan unas decenas de votos para darle el segundo escaño; si otra parte elige a Vox, que compite con Aliança en el discurso sobre inmigración, el escaño se le aleja.
Hay más ausencias y alguna posible presencia. La CUP tampoco se presentará, y su voto se inclina más bien hacia ERC: reforzaría el segundo escaño republicano, que hoy apenas tiene 481 votos de cociente de margen, pero difícilmente le daría un tercero, para el que le faltarían casi 27.000 votos. Convergents no alcanzó un acuerdo con Junts y anunció que recogería firmas para presentarse, con apenas diez días para lograrlo, según explicó su dirección. Si llega a presentar lista en Girona, le basta con atraer unos pocos cientos de votos del espacio de Junts para inclinar la balanza. Y SALF, que según anunció Alvise Pérez se presentará en 22 provincias, resta en la proyección unos 2.600 votos al conjunto de la derecha en Girona; que esté o no en la papeleta pesa en la pugna entre Vox y el PP. El plazo para presentar candidaturas va del 21 al 26 de octubre: en una semana se sabrá quién compite de verdad.
Junts es consciente de lo que se juega. Su candidata por Barcelona, Míriam Nogueras, defendió este fin de semana que el partido, «si tiene fuerza suficiente», puede condicionar lo que pasa en Madrid, y lo presentó como el único de obediencia estrictamente catalana en estas elecciones. La aritmética provincial dibuja el margen de esa fuerza. La proyección le da seis diputados, uno menos que en 2023, con un abanico realista de cinco a siete: el de Tarragona tiene un colchón de unos 3.000 votos (en torno a un punto) frente a ERC, y el segundo de Girona está a 84. En la legislatura que termina, los siete escaños de Junts fueron imprescindibles para la investidura de noviembre de 2023, que salió con 179 votos. Para Vox, el escaño de Girona sería un diputado en una provincia donde en 2023 se quedó lejos, con el 7,1 %.
Un recuento que puede llegar tres días después
Con márgenes así, el resultado de la noche electoral puede no ser el definitivo. Girona tiene 30.162 electores inscritos en el censo de residentes ausentes (CERA), según el censo electoral. Sus papeletas, como explica la guía de Capitol sobre el voto exterior, no se cuentan el domingo, sino en el escrutinio general que hacen las juntas electorales provinciales a partir del tercer día después de la votación, como fija la LOREG. Desde la Ley Orgánica 12/2022, que suprimió el voto rogado, ya no hace falta solicitarlo antes, y es razonable esperar que participen más que en convocatorias anteriores. El precedente existe: en 2023, el recuento del voto exterior en el escrutinio general dio al PP el último escaño de Madrid, que en la noche electoral había sido del PSOE.
Quedan, por tanto, tres cosas por vigilar antes de que Girona deje de ser una moneda al aire. La primera, las candidaturas que se registren esta semana: si Convergents y SALF están en la papeleta gerundense. La segunda, las próximas encuestas con muestra catalana suficiente, porque son las únicas que pueden corregir el supuesto de que Girona se mueve como España. La tercera, el voto exterior, que en una provincia decidida por decenas de votos puede cambiar el escaño cuando ya se haya dado por cerrado. En Girona la pregunta no es quién gana, porque el PSOE es primero con holgura en la media de encuestas y en la proyección, sino quién llega sexto. Y eso, hoy, no lo sabe nadie.


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