La ley D’Hondt reparte los escaños de cada provincia dividiendo los votos de cada lista entre 1, 2, 3… y adjudicando los asientos a los cocientes más altos. Es proporcional, pero favorece a los partidos más votados, y más cuanto menos escaños elige la provincia: en las generales de 2023 dio 13 escaños más al PP y 13 menos a Vox que un reparto por restos mayores.
La «ley D’Hondt» no es una ley, sino una fórmula de cálculo que lleva el apellido del jurista belga Victor d’Hondt. Lo que sí es ley es el artículo 163 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) (se abre en otra pestaña), que obliga a usarla para repartir los diputados del Congreso en cada circunscripción. La Constitución pone el marco: la circunscripción es la provincia y la elección se hace «atendiendo a criterios de representación proporcional» (artículo 68.2 y 68.3 (se abre en otra pestaña)). La guía del sistema electoral del 29-N las resume con un ejemplo de manual; aquí se aplican a votos reales.
¿Cómo se calcula D’Hondt paso a paso?
El artículo 163.1 de la LOREG lo describe en cinco reglas. Primero se apartan las candidaturas que no llegan al 3 % de los votos válidos de la circunscripción. Los votos válidos incluyen el voto en blanco, que la ley considera «en blanco, pero válido» (artículo 96.5 (se abre en otra pestaña)); por eso votar en blanco eleva un poco el listón que tienen que superar todos. Después, los votos de cada una de las demás se dividen por 1, 2, 3 y así hasta el número de escaños en juego, y los escaños van a los cocientes más altos. Si dos cocientes empatan, gana la lista con más votos en total, y si también empatan en votos, el primer empate se sortea y los siguientes se resuelven de forma alternativa. Por último, los escaños de cada lista se adjudican a sus candidatos por el orden en que aparecen en la papeleta: las listas son cerradas y bloqueadas. Ceuta y Melilla, que eligen un solo diputado, quedan fuera de todo esto: gana el candidato más votado (artículo 163.2).
Las elecciones del 23 de julio de 2023 en Teruel sirven para verlo con números oficiales. Según los resultados que publicó la Junta Electoral Central en el BOE del 1 de septiembre de 2023 (se abre en otra pestaña), hubo 75.913 votos válidos y la provincia elegía tres diputados. El PP obtuvo 26.586 votos (35,0 %), el PSOE 22.226 (29,3 %), Coalición Existe 11.348 (14,9 %), Vox 9.932 (13,1 %) y Sumar 4.126 (5,4 %). La barrera del 3 % estaba en 2.278 votos y la superaron los cinco.
Los tres cocientes más altos fueron el primer cociente del PP (26.586), el del PSOE (22.226) y el segundo del PP, sus votos divididos entre dos: 13.293. Ese tercer escaño se lo disputaba Coalición Existe, cuyo primer cociente era de 11.348. El PP sacó dos de los tres diputados con el 35 % de los votos; Existe, con casi el 15 %, ninguno. Le faltaron 1.946 votos para superar el segundo cociente del PP. El último escaño de Teruel «costó» 13.293 votos, más de cinco veces lo que exigía la barrera legal.
¿A quién beneficia la ley D’Hondt?
D’Hondt pertenece a la familia de los métodos de «mayor media». Al dividir por enteros consecutivos, el último escaño suele ir al partido grande antes que al pequeño que se queda cerca. Para medirlo, Capitol ha repetido el reparto de 2023 en las 52 circunscripciones con otro método proporcional, el de cociente y restos mayores, con la misma barrera del 3 % y los mismos votos oficiales. D’Hondt reproduce exactamente los 350 escaños proclamados; el otro método da un Congreso distinto en 28 de las 52 circunscripciones. Con restos mayores, el PP habría tenido 124 diputados en lugar de 137; el PSOE y el PSC, 112 en lugar de 121; Vox, 46 en lugar de 33; Sumar, 37 en lugar de 31, y el BNG, 4 en lugar de 1. Nueva Canarias y Coalición Existe habrían entrado con un escaño cada una.
Ese efecto, que los politólogos llaman «mecánico» porque lo produce la fórmula y no la decisión de los votantes, se ve también en el precio de cada escaño. En 2023 al PP le costó de media 59.568 votos cada diputado; a Vox, 92.636; a Sumar, 98.226, y al BNG, 153.995 su único escaño. Vox es el caso más claro: en trece provincias superó el 10 % de los votos sin sacar diputado, y doce de ellas elegían solo tres o cuatro, como Ávila, Cuenca, Segovia o Zamora.
La clave, por tanto, no es solo la fórmula, sino el tamaño de la circunscripción. En las nueve que en 2023 elegían dos o tres diputados, el partido más votado reunió de media el 40,5 % de los votos a candidaturas y se llevó el 61,1 % de los escaños. En las seis que elegían once o más, el primero tuvo el 37,2 % de los votos y el 41,7 % de los escaños. La ciencia política lo resume en el «umbral efectivo», el porcentaje que asegura aproximadamente un escaño; la fórmula clásica del politólogo Rein Taagepera lo cifra en el 75 % dividido entre el número de escaños más uno. En Teruel sale un 18,8 %, muy por encima del 3 % legal; en una circunscripción de 37 escaños baja a alrededor del 2 %.
Madrid lo muestra al otro extremo. En 2023 elegía 37 diputados. El PP obtuvo el 40,5 % de los votos válidos y el 43,2 % de los escaños, una prima mucho menor que la de Teruel. Aun así, el último escaño se decidió por poco: el 16.º del PP, con un cociente de 91.449, le ganó al 11.º del PSOE, de 91.327. Al PSOE le habrían bastado 1.340 votos más para quitárselo. Capitol sigue estos «últimos escaños» en análisis como el de Madrid o el de Girona; la herramienta D’Hondt por provincias repite el cálculo con cualquier resultado.
La barrera del 3 %, en cambio, casi nunca decide nada: repetido el reparto de 2023 sin ella, el resultado es idéntico en las 50 provincias. En 48 de ellas el último escaño costó más del 3 % de los votos, así que la barrera no podía dejar fuera a nadie que fuera a entrar. Solo en Madrid (2,5 %) y Barcelona (2,7 %) un escaño salió más barato que el listón legal, y aun allí ninguna lista por debajo del 3 % tenía votos suficientes para uno. El filtro real es D’Hondt aplicado a pocos escaños.
¿Por qué España eligió este sistema?
La fórmula se decidió antes de la Constitución. El Real Decreto-ley 20/1977, de 18 de marzo, sobre Normas Electorales (se abre en otra pestaña), que reguló las primeras elecciones democráticas, ya fijó la provincia como distrito, la regla D’Hondt y el 3 %. Su preámbulo explica el porqué sin rodeos: la regla «resume en una sola operación el funcionamiento del cociente electoral y el cómputo de restos de acuerdo con el sistema de la mayor media» y «ya supone un poderoso corrector del excesivo fraccionamiento de las representaciones parlamentarias»; la barrera del 3 % responde «a esta misma finalidad».
La LOREG de 1985 heredó el diseño casi palabra por palabra. Incluso el ejemplo práctico que figura hoy en el artículo 163 —una circunscripción de ocho diputados con 480.000 votos válidos repartidos entre seis candidaturas, en la que la lista A se lleva cuatro escaños, la B dos y la C y la D uno cada una— es el mismo que traía el decreto de 1977, y el artículo no se ha modificado desde 1985. Las dos piezas tienen distinto rango: que la circunscripción sea la provincia lo dice la Constitución, y cambiarlo exigiría reformarla; la fórmula D’Hondt y el mínimo inicial de dos diputados por provincia están en la LOREG (artículo 162 (se abre en otra pestaña) y artículo 163), una ley orgánica.
Con esas piezas se entiende el resultado: D’Hondt no fabrica mayorías por sí solo, pero combinado con muchas circunscripciones pequeñas premia al primero y al segundo, castiga al tercero que reparte su voto por todo el país y deja casi intactos a los partidos que concentran sus votos en pocas provincias. Es el tablero del 29 de noviembre: el simulador de pactos muestra qué mayorías salen de él y la metodología explica cómo calcula Capitol sus proyecciones.


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