Con la media de 26 encuestas que calcula Capitol (20 de octubre de 2026), Podemos obtendría el 2,1 % y un solo diputado, el de Madrid. Ese escaño no lo pone en riesgo la regla D’Hondt sino la barrera legal del 3 %, que Podemos cruzaría a la baja con uno de cada cinco votos menos.
Podemos llega al 29 de noviembre con la geografía más extraña de su historia. Irá con lista propia en 43 de las 52 circunscripciones, no tendrá papeleta en Cataluña, donde ha pactado apoyar a ERC, y concurrirá dentro de dos coaliciones, Compromís-Front Valencià en la Comunidad Valenciana, donde Podem encabeza la lista de Alicante, y Unidad del Pueblo Canario en las dos provincias canarias. La campaña gira en torno a una sola persona. Irene Montero, que ganó las primarias con 24.136 votos para encabezar la lista de Madrid, es el único reclamo de una propaganda que ha retirado el logotipo y el color morado, una estrategia que, según la secretaria general, Ione Belarra, busca «exprimir» el tándem de Montero con Gabriel Rufián.
Esa decisión tiene más lógica aritmética de lo que parece. Si se proyecta la media del agregador de encuestas de Capitol sobre cada provincia y se reparte con la regla D’Hondt, las listas de Podemos reunirían unos 514.000 votos y un diputado, el de Madrid. Los otros 381.000, repartidos por 42 provincias, no elegirían a nadie. Tres de cada cuatro votos de Podemos se quedarían sin traducción en escaños, y el que la tiene depende de una cifra fijada por ley más que de la competencia con los demás partidos.
Antes de entrar en Madrid conviene aclarar una discrepancia que confunde a quien sigue las encuestas. La media simple de los 26 sondeos de los últimos 28 días da a Podemos un 3,1 %, pero la estimación del agregador lo deja en el 2,08 %. La diferencia no es un ajuste caprichoso. La mayoría de las encuestadoras pregunta por Podemos en toda España, y una parte de quienes dicen que lo votarán vive donde no habrá papeleta con su nombre. En el barómetro de noviembre de 2025 del Centro de Investigaciones Sociológicas (se abre en otra pestaña) (estudio 3530, el último con microdatos), el 17 % de quienes declaraban intención de votar a Podemos residía en Cataluña, otro 6 % en la Comunidad Valenciana y un 4 % en Canarias. En el de septiembre (estudio 3524) esa suma llegaba al 36 %. La estimación del agregador, cuyo método está en la página de metodología, tiene en cuenta esa geografía. En Cataluña no asigna voto a Podemos y en Valencia y Canarias lo suma al de sus coaliciones. La encuesta más reciente de la base de Capitol, la de EM-Analytics terminada el 17 de octubre, al día siguiente del cierre del plazo de coaliciones, ya da a Podemos el 2,0 %. Las demás, con trabajo de campo anterior, van del 2,3 % de 40dB, GAD3 e IMOP al 4,3 % de Data10.
Madrid, donde manda la ley y no D’Hondt
En una circunscripción de 38 diputados, la regla D’Hondt es generosa con los partidos pequeños. El umbral efectivo que propuso el politólogo Rein Taagepera para estimar cuánto voto hace falta, en la práctica, para entrar (75 dividido entre los escaños más uno) es en Madrid del 1,9 %. Con la proyección de hoy, Podemos tendría allí 133.571 votos, el 3,8 % de los emitidos a candidaturas, y su cociente supera con holgura al del último diputado que entra, el noveno de Vox, que se queda en 88.617. Por la mera aritmética del reparto, Podemos podría perder hasta unos 47.000 votos y conservaría el escaño.
Pero la aritmética no es lo primero que se aplica. El artículo 163.1.a de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (se abre en otra pestaña) excluye del reparto a las candidaturas que no alcanzan el 3 % de los votos válidos de la circunscripción, y esa barrera solo muerde en las dos provincias grandes, Madrid y Barcelona, porque en todas las demás el umbral efectivo ya es más alto. Con los votos proyectados, el 3 % de Madrid son 106.223. El voto en blanco, que también cuenta como válido, sube algo el listón, y en 2023 fueron 108.260. Podemos tiene, por tanto, un colchón de entre 25.000 y 28.000 votos, más o menos uno de cada cinco de sus votantes madrileños. Si los pierde, el escaño no va al Frente Amplio, que se quedaría en tres aunque recibiera esos votos, sino al PP, que sumaría su decimosexto diputado. Para un partido que en 2015 fue la tercera fuerza de España, el principal riesgo ya no es la regla D’Hondt sino una línea legal pensada para frenar a las candidaturas marginales.
Hacia arriba el camino es igual de corto en apariencia y mucho más largo en la práctica. Para un segundo escaño en Madrid, Podemos necesitaría unos 177.000 votos, 44.000 más que hoy. Si se mueve su voto en la misma proporción en todas las provincias, eso equivale a una estimación nacional del 2,7 %. Y aquí aparece lo más revelador del sistema para un partido de este tamaño. Entre el 1,7 % y el 3,9 % de estimación, Podemos solo tendría uno o dos diputados, y todos saldrían de Madrid. El tercero llegaría en Sevilla con el 3,9 %, y a partir de ahí los escaños caen casi de golpe, porque Baleares entra con el 4,0 %, Málaga cerca del 4,5 % y Bizkaia con el 4,6 %, hasta sumar siete.

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| Cifra | |
|---|---|
| 1 | 0 |
| 1,25 | 0 |
| 1,5 | 0 |
| 1,75 | 1 |
| 2 | 1 |
| 2,25 | 1 |
| 2,5 | 1 |
| 2,75 | 2 |
| 3 | 2 |
| 3,25 | 2 |
| 3,5 | 2 |
| 3,75 | 2 |
| 4 | 3 |
| 4,25 | 5 |
| 4,5 | 6 |
| 4,75 | 7 |
| 5 | 7 |
La curva no es una rareza de esta proyección. Es la forma que tiene el sistema español para cualquier partido de implantación nacional y voto disperso, y los precedentes la dibujan con bastante exactitud. En 2015, Unidad Popular, la candidatura de Izquierda Unida, obtuvo el 3,7 % y dos diputados, los dos por Madrid. UPyD sacó en 2008 un solo escaño, el de Rosa Díez por Madrid, y en 2011, con el 4,7 %, cinco, cuatro madrileños y uno valenciano. Por debajo del 4 %, España funciona como medio centenar de distritos pequeños en los que un 3 % nacional vale cero, con la única excepción de Madrid y, para quien se presenta allí, Barcelona.
A medio escaño en el resto del mapa
Fuera de Madrid, ninguna provincia está cerca. La mejor es Sevilla, donde los 36.216 votos proyectados de Podemos son el 52 % de lo que necesitaría para superar el último cociente, el último escaño de Vox (70.070). Le faltarían casi 34.000 votos. En Baleares tendría el 49 %, y el diputado que perseguiría es precisamente el único del Frente Amplio (43.660), lo que convierte esa provincia en el único lugar donde las dos mitades de la antigua coalición se disputarían el mismo asiento. Málaga (45 %), Bizkaia (44 %), Asturias (38 %), Cádiz (36 %) y A Coruña (35 %) completan una lista en la que no hay ningún escaño en el filo, a diferencia de lo que ocurre con partidos como Junts o el PNV.

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| % | |
|---|---|
| Madrid | 151 % |
| Sevilla | 52 % |
| Baleares | 49 % |
| Málaga | 45 % |
| Bizkaia | 44 % |
| Asturias | 38 % |
| Cádiz | 36 % |
| A Coruña | 35 % |
La paradoja es que el escaño más seguro al que puede aspirar Podemos no lleva su nombre en la papeleta. En Alicante, la coalición Compromís-Front Valencià, cuya lista encabeza Podem, tendría 87.545 votos (9,9 %) y un diputado que solo perdería si se le fuera el 31 % de su voto, un margen más amplio que el de Madrid. En Canarias, Unidad del Pueblo Canario, de la que Podemos forma parte junto a Nueva Canarias, sacaría un escaño en Las Palmas y otro en Santa Cruz de Tenerife, este a menos de 500 votos de perderse. Y en Barcelona, el acuerdo con ERC incluye a miembros de Podemos en las listas republicanas. La presencia de Podemos en el próximo Congreso dependerá, en buena medida, de candidaturas que no controla.
Lo que no tendrá, en ningún escenario plausible, es grupo propio. El artículo 23 del Reglamento del Congreso (se abre en otra pestaña) exige 15 diputados, o al menos cinco que sumen el 15 % de los votos en las circunscripciones donde se presentaron o el 5 % en toda España. Con uno o dos diputados, más los que pueda aportar desde las coaliciones, el destino es el Grupo Mixto, el mismo al que pasaron en diciembre de 2023 los cinco diputados de Podemos elegidos en las listas de Sumar. La diferencia es de escala y de visibilidad, porque el Mixto reparte su tiempo de intervención entre todos sus miembros y un partido con un solo diputado apenas tiene turnos propios.
Un tercio menos desde el verano de 2025
El suelo actual no fue siempre el de Podemos. En la base de encuestas de Capitol, que reúne los sondeos publicados desde 2023, su media trimestral subió del 2,4 % de principios de 2024 al 4,8 % de julio a septiembre de 2025, el máximo de la serie. Desde entonces ha perdido más de un tercio y en octubre se queda en el 3,1 %, siempre con la pregunta hecha en toda España. Conviene leer la serie con cuidado, porque incluye a los votantes de Cataluña, Valencia y Canarias, y por eso está por encima de la estimación del 2,08 % que se usa para repartir escaños. Lo que muestra es la dirección, y la dirección es clara.

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| % | |
|---|---|
| ene-mar 24 | 2,4 % |
| abr-jun 24 | 3,0 % |
| jul-sep 24 | 3,7 % |
| oct-dic 24 | 4,1 % |
| ene-mar 25 | 4,5 % |
| abr-jun 25 | 4,7 % |
| jul-sep 25 | 4,8 % |
| oct-dic 25 | 4,1 % |
| ene-mar 26 | 3,8 % |
| abr-jun 26 | 3,1 % |
| jul-sep 26 | 3,4 % |
| oct 26 | 3,1 % |
Los microdatos del CIS ayudan a entender quién sostiene ese voto y por qué la campaña se ha hecho personal. De los 124 entrevistados del estudio 3530 que declaran intención de votar a Podemos, el 74 % dice haber votado a Sumar en 2023, el 11 % al PSOE y el 12 % no votó. Se sitúan en el 1,9 de la escala ideológica, donde 1 es la izquierda y 10 la derecha, frente al 2,4 de los votantes de Sumar y el 3,2 de los del PSOE, y su edad media es de 45,5 años, seis menos que la del conjunto de la muestra. Cuando se les pregunta a quién prefieren como presidente del Gobierno, el 21 % elige a Pedro Sánchez, el 19 % a Irene Montero y el 18 % a Gabriel Rufián. En septiembre (estudio 3524), Montero iba primera con el 20,5 % y Rufián tenía el 11 %. Son submuestras pequeñas, con un margen de error de unos nueve puntos, y el CIS arrastra un sesgo de recuerdo conocido a favor del PSOE, pero el dibujo es coherente con la estrategia elegida. Una parte relevante del electorado de Podemos no se identifica con sus siglas ni con su dirección, sino con figuras concretas, y el tándem con Rufián busca precisamente a esos votantes.
Quedan tres incógnitas que pueden mover la cifra de Madrid más que cualquier encuesta nacional. La primera es la oferta. Las candidaturas se presentan del 21 al 26 de octubre, y hasta que el BOE publique las listas no se sabrá con certeza qué competidores tendrá Podemos en cada provincia ni quién ocupa los puestos de salida de las coaliciones. La segunda es la competencia directa en Madrid con la lista del Frente Amplio, que encabeza Emilio Delgado, y con la llamada del PSOE al voto útil, que repitió el 20 de octubre Salvador Illa. La tercera es la propia medición. Casi todas las encuestas de la media se hicieron antes de que Podemos renunciara a presentarse en Cataluña, y las que lleguen ahora, hasta el 23 de noviembre en que la ley permite publicarlas, dirán si el 2 % es un suelo o un punto de paso.
En 2016, Podemos discutía con el PSOE quién lideraba la izquierda. El 29 de noviembre su pregunta es mucho más modesta y mucho más concreta. No se trata de cuántos escaños tendrá, sino de si conserva uno, y la respuesta está en una sola provincia y en un solo artículo de la ley electoral. Con la media de hoy, le sobran unos 25.000 votos en Madrid. Es poco margen para un partido que ha perdido un tercio de su intención de voto en algo más de un año. Las cuentas provincia a provincia pueden seguirse en la página de Madrid del especial del 29-N y, para el efecto de la división con el Frente Amplio, en nuestro análisis del coste de ir por separado.


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