Marruecos dispersa a un grupo de subsaharianos antes de cruzar, mientras sindicatos policiales exigen ampliar el espigón y reforzar la cobertura legal
Ceuta amaneció este 15 de agosto sin incidentes graves en su frontera con Marruecos, después de que las autoridades españolas y marroquíes actuaran para frenar un posible asalto masivo anunciado en redes sociales. La Gendarmería Real marroquí dispersó durante la madrugada a un grupo de subsaharianos que intentaba cruzar ilegalmente hacia territorio europeo, según confirmaron fuentes oficiales del país vecino.
El Ministerio del Interior español respondió a la amenaza con un despliegue de 1.500 agentes entre Guardia Civil y Policía Nacional, unos 500 más que los movilizados durante el asalto del pasado 30 de julio, cuando cientos de personas lograron entrar en la ciudad autónoma. A pesar del refuerzo, los sindicatos policiales advierten que la situación sigue siendo vulnerable: exigen más efectivos y una reforma legal que facilite la protección fronteriza, además de la ampliación del espigón que llevan años solicitando. «Si ocurre otro salto masivo, el resultado será igual o peor», alertaron a El Debate.
La tensión en Ceuta se enmarca en un contexto de presión migratoria recurrente en la frontera sur de España, donde las redes sociales han servido como altavoz para convocatorias de cruces masivos. El último precedente, el 30 de julio, dejó imágenes de cientos de personas saltando la valla y generó un conflicto diplomático entre España y Marruecos por la gestión de la crisis. Este nuevo intento, aunque frustrado, revela la persistencia de las rutas irregulares hacia Europa y la dependencia de España de la colaboración marroquí para controlarlas.
El Gobierno central, que gestiona las competencias de seguridad en las ciudades autónomas, ha evitado hasta ahora declarar el estado de emergencia en Ceuta, a diferencia de lo ocurrido en Melilla en 2022. Sin embargo, la presión de los sindicatos policiales y la repetición de incidentes podrían acelerar cambios en la estrategia fronteriza, incluyendo la construcción de infraestructuras como el espigón, cuya ampliación bloquea el Ministerio de Transición Ecológica por su impacto ambiental.
Mientras, los ceutíes, que viven con normalidad este 15 de agosto, siguen expuestos a las consecuencias de estos episodios: desde la saturación de los centros de acogida hasta el aumento de la tensión social en una ciudad donde la inmigración irregular es un tema cotidiano. La colaboración con Marruecos, clave para evitar nuevos asaltos, depende en gran medida de la estabilidad en las relaciones bilaterales, que en los últimos años han oscilado entre la cooperación y el conflicto.
Fuente: El Debate






