Ocho países del espacio Schengen mantienen restricciones internas activas acogiéndose a las excepciones previstas en el marco legal comunitario
Italia y España han cruzado esta semana la activación de controles fronterizos excepcionales en sus conexiones aéreas y marítimas tras la entrada irregular de miles de personas registrada en Ceuta. La decisión tomada por el Ejecutivo italiano de Giorgia Meloni para inspeccionar los desembarcos procedentes de territorio español durante todo el mes de agosto ha tenido como respuesta inmediata la aplicación de verificaciones equivalentes por parte de las autoridades españolas sobre los viajeros procedentes de territorio italiano. La medida adoptada en Roma busca frenar los movimientos secundarios hacia otros puntos de Europa de los migrantes que han accedido a la ciudad autónoma, centrando los chequeos exclusivamente en los aeropuertos y recintos portuarios al carecer ambas naciones de frontera terrestre común.
La réplica del Gobierno de Pedro Sánchez, que impuso de forma inmediata revisiones a los ciudadanos procedentes de Italia, ha provocado la protesta del Ejecutivo transalpino, que considera «totalmente inaceptable» la imposición de dichos controles recíprocos a los pasajeros de sus vuelos y barcos. Pese al malestar diplomático generado entre ambos gabinetes, la interrupción temporal de la libre circulación dentro de la zona sin fronteras no constituye una situación inédita en el continente. La Comisión Europea tiene contabilizados un total de ocho países pertenecientes al espacio Schengen que mantienen operativas diversas modalidades de control interno amparándose en razones de seguridad nacional y gestión migratoria.
El mecanismo de excepción en el Código de Fronteras Schengen
El restablecimiento del control en los límites interiores del espacio de libre circulación se encuentra regulado de manera estricta por el Código de fronteras Schengen. La normativa europea establece que los Estados miembros solo pueden recurrir a esta medida con carácter extraordinario y como último recurso cuando detecten una amenaza grave para el orden público o la seguridad nacional. Para ejecutar la suspensión temporal, las administraciones nacionales deben notificar formalmente su decisión a las instituciones comunitarias argumentando la insuficiencia de las herramientas ordinarias de control policial en el interior del territorio.
En los supuestos donde la amenaza resulta previsible, el ordenamiento europeo autoriza la implantación inicial de los controles por un periodo de seis meses, con posibilidad de prórroga continuada hasta alcanzar un máximo de dos años en condiciones ordinarias. Dicho plazo legal puede ampliarse excepcionalmente hasta un límite de tres años cuando concurren circunstancias extraordinarias. La acumulación progresiva de estas prórrogas en varios Estados ha consolidado el uso de una herramienta pensada como un mecanismo excepcional de urgencia, aunque los tratados europeos garantizan formalmente la continuidad del régimen general de libre tránsito.
Las inspecciones activas en los socios del sur y del centro de Europa
La adopción de controles por parte de Italia sobre los trayectos procedentes de España se suma a las restricciones que el Gobierno de Roma ya aplicaba en su frontera terrestre con Eslovenia. Ese dispositivo especial en las carreteras transfronterizas se encuentra prorrogado formalmente hasta el 18 de diciembre y tiene como objetivo prioritario la neutralización de redes de tráfico ilegal de personas y la detección de elementos vinculados al terrorismo internacional que operan a través de la denominada ruta de los Balcanes occidentales.
En el caso de Francia, las verificaciones en los pasos fronterizos se mantienen de manera ininterrumpida desde los atentados terroristas registrados en París en el año 2015. La autorización en vigor otorgada por las autoridades francesas se extiende hasta el 31 de octubre y abarca los desplazamientos procedentes de España, Italia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo y Suiza. Los agentes franceses efectúan comprobaciones en terminales portuarias, estaciones ferroviarias y aeropuertos ante la amenaza del yihadismo, el incremento de acciones antisemitas, la presión de las mafias de la inmigración irregular y las repercusiones de los conflictos armados en Ucrania y Oriente Próximo.
Por su parte, Alemania mantiene activas las inspecciones en la totalidad de sus noventa y nueve fronteras terrestres con sus nueve naciones colindantes: Francia, Luxemburgo, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Austria, Suiza, República Checa y Polonia. El dispositivo germano tiene vigencia aprobada hasta el 15 de septiembre con la finalidad explícita de atajar el tráfico ilegal de seres humanos, frenar la inmigración no reglamentada y reducir el nivel de ocupación que registra su red estatal de acogida de refugiados.
Las restricciones en la ruta balcánica y el norte del continente
Las medidas de contención se extienden igualmente a la Europa central y del este. Austria vigila de manera directa sus puestos de paso con Eslovaquia, República Checa, Hungría y Eslovenia, justificando los controles en el flujo continuo procedente de la ruta balcánica y la sobrecarga que registran sus servicios públicos esenciales y su sistema de asilo. A estas circunstancias, el Gobierno austriaco añade los riesgos derivados del escenario bélico en Ucrania y la inestabilidad política en el Oriente Medio.
El Gobierno de Polonia aplica dispositivos de supervisión en sus lindes con Alemania y Lituania hasta el 1 de octubre, fundamentando las inspecciones en la persistencia de tensiones migratorias que amenazan el orden público. De forma paralela, Países Bajos ejerce tareas de control en las vías por carretera que comunican con Alemania y Bélgica, además de supervisar vuelos seleccionados originarios de otros Estados miembros del espacio Schengen. El permiso neerlandés concluye el 30 de septiembre y responde al elevado volumen de peticiones de protección internacional, la saturación de los centros de recepción y los desplazamientos secundarios de solicitantes entre países de la Unión.
En el área septentrional, Suecia ejecuta verificaciones en sus fronteras terrestres, aéreas y marítimas hasta el 11 de noviembre para combatir las redes del crimen organizado transfronterizo, la infiltración de bandas por influencia de actores extranjeros y el riesgo latente de grupos extremistas islamistas. Finalmente, Noruega —estado no perteneciente a la Unión Europea, pero plenamente integrado en el espacio Schengen— vigila los recintos portuarios con rutas de ferry dirigidas hacia territorio comunitario. Las autoridades noruegas justifican la medida ante el riesgo de acciones de sabotaje por parte de los servicios de inteligencia rusos sobre sus infraestructuras críticas de carácter energético, logístico y civil.
Fuente: Okdiario







