Diputados socialistas admiten incomodidad con un argumentario que Moncloa desplaza de si hubo avisos a qué valor darles
La publicación de 40 documentos y comunicaciones por parte de Moncloa ha dejado al PSOE sin margen para ordenar su relato sobre la crisis de Ceuta. Los papeles, difundidos este miércoles, acreditan que hubo avisos previos: mensajes de miembros del CNI a la Delegación del Gobierno alertando de un llamamiento para un «asalto por valla y mar» el día anterior a la entrada masiva, y una valoración de que Marruecos mantuvo una actitud «negligente y pasiva».
Pedro Sánchez sostuvo esa misma jornada, en una entrevista televisiva, que antes del 30 de julio solo se había detectado un «ligero pico» en las llegadas a nado, de apenas cientos de personas, y situó el problema en la incapacidad de los servicios de inteligencia para prever una movilización de esa magnitud. Horas después, los documentos publicados por el propio Gobierno ofrecieron una fotografía más incómoda para esa explicación.
Con los avisos ya por escrito, la defensa oficial se ha desplazado a qué valor había que darles y por qué no desencadenaron una respuesta mayor. Es ahí donde aflora el malestar interno. «Algunos siguen en el argumentario, pero la mayoría ve que nos estamos equivocando manteniendo cosas insostenibles», resume un parlamentario. Una dirigente territorial con escaño en el Congreso describe el silencio del grupo: «No nos atrevemos ya a decir nada».
El único dirigente socialista que ha llevado las críticas a ese nivel en público ha sido el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, enfrentado desde hace tiempo a Sánchez. Este jueves calificó lo ocurrido como «uno de los grandes desastres de gestión» y advirtió de que, si el Gobierno no reacciona rápido, puede terminar percibiéndose como «la primera o segunda gran mentira de la democracia».
En la dirección socialista y entre los diputados más próximos a Ferraz sostienen que la publicación no desmonta la tesis central de Moncloa: hubo información sobre un aumento de la presión migratoria y sobre convocatorias en redes, pero nada que permitiera calcular la dimensión de lo que acabaría ocurriendo. «Había avisos, pero eran habituales. Nadie sabía que iban a ser 70.000», alega una fuente de la Ejecutiva.
La inquietud es mayor en territorios fronterizos como Canarias, donde existe «miedo» a que una crisis con epicentro en Ceuta termine revelando un problema estructural para el resto de las fronteras españolas. Marruecos es el «elefante en la habitación» al que aluden estas conversaciones: mientras Sánchez insiste en actuar sobre pruebas y no sobre indicios antes de atribuir responsabilidades a Rabat, sectores críticos admiten en privado que no dudan de que Marruecos está detrás.







