La Fiscalía revela que solo 41 de los 32.763 menores no acompañados llegados desde 2015 fueron repatriados, ninguno marroquí pese a ser el origen del 45%
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey Mohamed VI de Marruecos han calificado la entrada de más de 72.000 inmigrantes en Ceuta los días 17 y 18 de mayo como una «gamberrada organizada por unos chavales jugando con las redes sociales». La interpretación contrasta con las imágenes difundidas, que muestran un flujo masivo de personas cruzando la frontera, incluyendo menores no acompañados y episodios de violencia como seis violaciones y 88 fallecidos.
La crisis ha reabierto el debate sobre el control de las fronteras europeas. Veintidós países de la UE, liderados por Italia y Dinamarca, habían enviado una carta en abril cuestionando la política migratoria española y exigiendo que la Unión asumiera la gestión de las fronteras. La pasividad de los dirigentes europeos ante la situación en Ceuta —donde actualmente unos 10.000 inmigrantes permanecen en las calles— contrasta con su discurso sobre la amenaza rusa en Ucrania, donde Putin lleva cuatro años en guerra. Analistas citados en el texto fuente advierten de que Marruecos podría estar probando la capacidad de respuesta de España y la UE ante posibles incursiones similares en Ceuta, Melilla o Canarias, territorios que Rabat reclama como propios.
La gestión de los menores no acompañados (menas) se ha convertido en un punto crítico. Según datos de la Fiscalía General del Estado, entre 2015 y 2024 llegaron a España 32.763 menores en esta situación, de los que solo 41 fueron repatriados. Aunque cerca de 15.000 eran marroquíes, ninguno de ellos fue devuelto a su país. La discrepancia entre las cifras de llegadas y las repatriaciones ha alimentado críticas hacia el Gobierno, al que se acusa de utilizar a los menas como «etiqueta de bondad» mientras se evita su retorno. La experiencia en centros de acogida, donde muchos permanecen hasta cumplir la mayoría de edad para regularizar su situación, ha sido cuestionada por su eficacia.
La crisis también ha expuesto las contradicciones en la política migratoria europea. Mientras la UE financia medidas para frenar la inmigración irregular, como acuerdos con países terceros, la respuesta a la entrada masiva en Ceuta ha sido limitada. La Fiscalía señala que, en casos de delitos cometidos por inmigrantes irregulares, la devolución a sus países de origen rara vez se ejecuta, lo que podría incentivar nuevas llegadas. Además, la presencia de mafias detrás de los flujos migratorios ha sido documentada, aunque las acciones para desarticularlas siguen siendo insuficientes.
El episodio ha reavivado tensiones entre España y Marruecos, con acusaciones cruzadas sobre la responsabilidad en la gestión de la frontera. La falta de coordinación entre los Estados miembros de la UE para abordar crisis migratorias de esta magnitud ha quedado en evidencia, mientras se multiplican las voces que exigen una política común más firme. La situación en Ceuta, con miles de personas en condiciones precarias y sin una solución inmediata, refleja los desafíos estructurales de un sistema migratorio europeo en crisis.
Fuente: The Objective
Sigue la cobertura: Albares critica a Italia por su respuesta a la crisis migratoria en Ceuta







