El documento del Departamento de Estado, titulado ‘Cuba: The Capital of 21st Century Communism’, cita casos como el de Ana Belén Montes y Manuel Rocha, pero no aporta pruebas públicas de agentes actuales.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha respaldado un nuevo informe de la Administración Trump que acusa al Gobierno cubano de haber desarrollado durante décadas una amplia red de espionaje e influencia política dentro de Estados Unidos. El documento, elaborado por el Departamento de Estado bajo el título «Cuba: The Capital of 21st Century Communism», sostiene que los servicios de inteligencia de La Habana han logrado infiltrarse en instituciones gubernamentales, organizaciones civiles y centros académicos, y que continúan representando una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
Rubio defendió públicamente las conclusiones del informe y afirmó que «durante generaciones, el régimen cubano ha conseguido infiltrarse con éxito en instituciones estadounidenses». El jefe de la diplomacia estadounidense aseguró además que las actividades de inteligencia de La Habana han sido subestimadas durante años y calificó al sistema de espionaje cubano como uno de los más eficaces del continente.
Los casos citados en el informe
El documento recoge varios casos judiciales ampliamente conocidos que respaldan esa tesis. Entre ellos figura Ana Belén Montes, antigua analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), condenada en el año 2002 tras admitir que espió para Cuba durante más de quince años. También menciona al exembajador estadounidense Manuel Rocha, quien en 2023 se declaró culpable de actuar durante décadas como agente encubierto del Gobierno cubano, considerado uno de los casos de infiltración más graves registrados en la historia reciente de Estados Unidos.
A partir de estos antecedentes, el informe sostiene que Cuba mantiene una capacidad de inteligencia activa y una extensa red de influencia. Sin embargo, no aporta pruebas públicas que demuestren la existencia de agentes operativos infiltrados actualmente en las más altas esferas del Gobierno estadounidense. Varios especialistas en inteligencia y seguridad consultados por medios estadounidenses han señalado que, aunque Cuba conserva una reconocida tradición en operaciones de espionaje, las afirmaciones más amplias del informe no están acompañadas de evidencia verificable de acceso público.
El endurecimiento de la política hacia Cuba
La publicación coincide con una nueva etapa de endurecimiento de la política exterior estadounidense hacia Cuba. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Washington ha restablecido y ampliado sanciones económicas, ha reincorporado a la isla a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo y ha incrementado la presión diplomática sobre el Gobierno de Miguel Díaz-Canel. Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y uno de los principales defensores de una línea dura frente al régimen, se ha convertido en una de las voces más influyentes en esa estrategia.
Desde La Habana, las autoridades rechazaron las acusaciones y calificaron el informe como un nuevo intento de justificar la política de máxima presión impulsada por Washington. El Gobierno cubano sostiene que Estados Unidos recurre de forma recurrente a argumentos relacionados con la seguridad nacional para legitimar el embargo económico y aumentar el aislamiento internacional de la isla.
El informe llega en un momento de creciente tensión entre ambos países y devuelve el espionaje al centro de la relación bilateral. Mientras la Administración Trump presenta las actividades de inteligencia cubanas como una amenaza persistente para la seguridad de Estados Unidos, el Gobierno cubano, por su parte, denuncia que las acusaciones responden a objetivos políticos.
Fuente: La Razón (se abre en otra pestaña)







