Con la media de encuestas de Capitol del 21 de octubre, 2.242.899 votos, el 9,6 % de los emitidos a candidaturas, irían el 29-N a listas sin ningún diputado en su provincia. Dos de cada tres son de la izquierda alternativa y de SALF, y casi la mitad nace de la división entre Frente Amplio y Podemos.
- Frente Amplio deja sin escaño 701.774 votos, el 54,1 % de los suyos, y Podemos 380.868, el 74 %. SALF no elige a nadie con 433.210.
- Si Frente Amplio y Podemos sumaran sus votos en una sola lista pasarían de 9 a 16 diputados. Si lo hicieran Vox y SALF, Vox pasaría de 67 a 71.
- En Ávila, Segovia, Zamora y Palencia más de uno de cada cuatro votos no elige a nadie. En Madrid se pierde el 2 % y en Barcelona el 1,4 %.

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| votos | |
|---|---|
| Frente Amplio | 701.774 votos |
| SALF | 433.210 votos |
| Podemos | 380.868 votos |
| Vox | 279.379 votos |
| Adelante Andalucía | 226.317 votos |
| PP | 71.591 votos |
| CC | 46.985 votos |
| BNG | 44.385 votos |
| Compromís | 32.655 votos |
| PSOE | 14.398 votos |
Cada campaña vuelve la expresión «voto útil», casi siempre como argumento de un partido grande contra uno pequeño de su misma familia. Detrás hay un hecho medible que rara vez se da con cifras, y es cuántas papeletas acaban en listas que no consiguen ningún escaño. Capitol lo ha calculado provincia a provincia con su agregador de encuestas, que el 21 de octubre promedia 26 sondeos de los últimos 28 días, y con la proyección provincial que reparte esa media en las 52 circunscripciones.
El resultado es que unos 2,24 millones de votos no se traducirían en ningún diputado. Es una cifra grande, pero lo revelador es su reparto. Los votos que se pierden no se distribuyen al azar entre bloques ni entre territorios. Se acumulan donde coinciden dos cosas, partidos medianos que compiten por el mismo electorado y provincias que eligen pocos diputados.
Por qué se pierden votos en un sistema proporcional
La Constitución, en su artículo 68 (se abre en otra pestaña), fija la provincia como circunscripción y exige criterios de representación proporcional. La Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), en su artículo 163 (se abre en otra pestaña), concreta el método. Se descartan las listas que no llegan al 3 % de los votos válidos de la provincia y los escaños se reparten con la fórmula D’Hondt, que divide los votos de cada lista entre 1, 2, 3 y así sucesivamente y asigna los puestos a los cocientes más altos.
La barrera del 3 % casi nunca es la que decide. En Soria, que elige 2 diputados, o en Ávila, que elige 3, para entrar hace falta en la práctica bastante más del 15 o el 20 % de los votos, y ese umbral efectivo lo marca el número de escaños, no la ley. Los politólogos lo llaman efecto mecánico del sistema. El Real Decreto 806/2026 de convocatoria (se abre en otra pestaña) reparte los 350 escaños con un mínimo de dos por provincia y uno para Ceuta y otro para Melilla, de modo que 29 de las 52 circunscripciones eligen 5 diputados o menos.
El método del cálculo es sencillo y se puede repetir. Para cada provincia se toman los votos de la proyección del 21 de octubre, se aplica el D’Hondt con la barrera del 3 % y se suman los votos de toda lista que se queda a cero. La proyección no incluye el voto en blanco, que cuenta para la barrera pero no elige a nadie, así que el porcentaje se calcula sobre los votos a candidaturas. Los votos «sobrantes» de los partidos que sí obtienen escaño no se cuentan como perdidos, porque han contribuido a elegir a alguien.

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| % | |
|---|---|
| Ceuta (1 esc.) | 65,5 % |
| Melilla (1 esc.) | 51,3 % |
| Ávila (3 esc.) | 29,2 % |
| Segovia (3 esc.) | 28,8 % |
| Zamora (3 esc.) | 25,8 % |
| Lugo (4 esc.) | 25,4 % |
| Palencia (3 esc.) | 25,4 % |
| Ourense (4 esc.) | 24,8 % |
| Gipuzkoa (6 esc.) | 24,0 % |
| Soria (2 esc.) | 23,0 % |
| Madrid (38 esc.) | 2,0 % |
| Barcelona (32 esc.) | 1,4 % |
Dónde se pierden y de quién son
El mapa del voto perdido sigue al tamaño de la provincia. En las circunscripciones de un solo diputado, Ceuta y Melilla, se pierde todo lo que no vota al ganador, el 65,5 % y el 51,3 %. En las de tres escaños de Castilla y León, que son Ávila, Segovia, Zamora y Palencia, se pierde entre el 25,4 % y el 29,2 %, y en las cuatro el gran perdedor es Vox, que con entre 17.583 votos en Palencia y 20.901 en Ávila se queda fuera porque el tercer escaño es del PP o del PSOE. En Ávila el último puesto se decide por 274 votos entre PP y Vox, como contó Capitol en su análisis del escaño de Ávila. En el otro extremo, Madrid, con 38 diputados, solo deja sin representación el 2 % y Barcelona, con 32, el 1,4 %.
Hay excepciones que confirman la regla. En Lugo y Ourense, de cuatro escaños, el BNG reúne 23.726 y 20.659 votos que no le alcanzan, y en Gipuzkoa, de seis, se quedan fuera el PP con 33.593 y Frente Amplio con 24.310, porque allí compiten cinco listas fuertes por muy pocos puestos.
Por partidos, la desproporción es mayor. El PSOE solo pierde 14.398 votos y el PP 71.591, menos del 1 % de los suyos en ambos casos, porque son primera o segunda fuerza casi en todas partes. Vox pierde 279.379, el 6,2 % de sus votos, todos en provincias pequeñas. Y luego están los partidos que compiten por un espacio que ya ocupa otro mayor. Frente Amplio, la coalición encabezada por Ada Colau, deja sin diputado el 54,1 % de sus votos. Podemos, con Irene Montero de candidata, el 74 %, y solo saca un escaño. SALF, la lista de Alvise Pérez, y Adelante Andalucía no obtienen ninguno con 433.210 y 226.317 votos.
Sumado por bloques, de forma simétrica, la izquierda de ámbito estatal (PSOE, Frente Amplio, Podemos y Compromís) pierde 1.129.695 votos y la derecha (PP, Vox, SALF y UPN) pierde 784.180. Los partidos nacionalistas y regionalistas sin escaño suman otros 329.024. La diferencia entre los dos bloques no la explica el PSOE ni el PP, sino casi por completo los 1.082.642 votos que Frente Amplio y Podemos pierden por presentarse por separado.
Qué cambiaría si dos listas fueran juntas
El ejercicio más claro es mecánico. Si se suman los votos de dos listas en todas las provincias, sin que nadie se vaya ni se incorpore, y se vuelve a aplicar el D’Hondt, se ve cuánto les cuesta la división. Frente Amplio y Podemos juntos pasarían de 9 a 16 diputados. Los siete nuevos saldrían de PP (dos), PSOE (tres), Vox (uno) y PNV (uno), de modo que el bloque de PSOE, Frente Amplio y Podemos pasaría de 115 a 119 escaños. En la derecha, una lista común de Vox y SALF tendría 71 diputados en lugar de 67, cuatro más, tres de ellos a costa del PP y uno del PSOE, así que el conjunto de PP, Vox y SALF solo ganaría uno, de 197 a 198. Los votos perdidos bajarían de 2,24 millones a 1,82 millones en el primer caso y a 1,79 en el segundo.
La asimetría tiene una explicación técnica. A la izquierda del PSOE la división fragmenta a dos partidos que, por separado, rondan o no alcanzan el umbral efectivo de casi todas las provincias. A la derecha, Vox ya entra en la mayoría de circunscripciones por sí solo y SALF le aporta votos que sobre todo le sirven para disputar al PP el último escaño, no para sumar al bloque.
Conviene no leer estas cifras como un pronóstico. La suma aritmética supone que todos los votantes de dos partidos seguirían a una lista conjunta, y la experiencia dice lo contrario. En las generales de 2016, Unidos Podemos concurrió en coalición con Izquierda Unida y obtuvo menos votos que los dos partidos por separado seis meses antes. Una parte del votante de un partido pequeño lo vota precisamente porque no es el grande, y otra parte cambia su voto en la última semana hacia la lista que cree con opciones, que es el voto útil en sentido estricto.
Las candidaturas se presentan ante las juntas electorales provinciales hasta el 26 de octubre y el Boletín Oficial del Estado las publicará el 28, según el calendario del especial de las elecciones del 29-N. Ese día se sabrá qué listas compiten en cada provincia y si alguna suma de última hora cambia este mapa. Después, lo que importa es la tendencia. Si Frente Amplio o Podemos bajan de los niveles actuales, el voto perdido aumenta y se concentra aún más en la izquierda. Si SALF sube, ocurre lo mismo en la derecha, y Vox tendría más difícil ganar los terceros escaños de Castilla y León.
El cálculo se puede rehacer con la metodología de Capitol y se actualiza cada día con la media. Lo que no cambia es la regla de fondo. En un sistema con muchas provincias pequeñas, presentarse dividido en un mismo espacio cuesta escaños, y el precio se paga sobre todo en la España que elige tres, cuatro o cinco diputados.


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