Con la media de 26 encuestas del 19 de octubre, SALF, el partido de Alvise Pérez, rondaría los 433.000 votos (1,8 %) y no sacaría ningún escaño: no llega al 3 % en ninguna provincia que reparta más de uno. Su peso está en otro sitio. Casi todo su voto sale del caladero de Vox, y una diferencia de menos de un punto basta para mover diez escaños de Vox hacia el PP y otros partidos.
Se Acabó La Fiesta (SALF) es la candidatura de Luis Pérez Fernández, Alvise, el activista de redes que en junio de 2024 se convirtió en la sorpresa de las europeas. Concurrió entonces como agrupación de electores y obtuvo 803.545 votos, el 4,58 %, y tres de los 61 escaños españoles, según los resultados oficiales de la Junta Electoral Central. Dos años después llega a sus primeras generales con menos de lo que tenía. Dos de aquellos tres eurodiputados han abandonado el partido y las autonómicas posteriores le salieron mal. Alvise encabezará la lista por Madrid y ha propuesto al PP y a Vox una candidatura conjunta al Senado. Para que esa lista existiera, tendría que haberse comunicado como coalición a la Junta Electoral en los diez días siguientes a la convocatoria, y ese plazo ya venció.
Antes de hablar de escaños hay un trámite que SALF no puede saltarse. Como no obtuvo representación en las generales de 2023, a las que no se presentó, el artículo 169.3 de la ley electoral le exige las firmas del 0,1 % de los electores de cada circunscripción en la que quiera presentarse. En Madrid, con 5.536.913 electores, son unas 5.500. Las candidaturas se presentan entre el 21 y el 26 de octubre. Hay otro detalle: si Alvise saliera elegido diputado tendría que escoger entre su escaño de Estrasburgo y el del Congreso, porque el Acta Electoral Europea hace incompatibles desde 2004 el escaño europeo y el de un parlamento nacional.
Por qué el 4,6 % de las europeas no vuelve
La ciencia política tiene nombre para lo que pasó en 2024. Karlheinz Reif y Hermann Schmitt llamaron en 1980 a las europeas «elecciones de segundo orden». En ellas no se elige gobierno, vota mucha menos gente y el votante se permite un gesto de protesta que no repite cuando lo que está en juego es La Moncloa. En España el efecto se multiplica por la circunscripción única. En las europeas no hay provincias ni listón mínimo: el 4,58 % de SALF valió tres escaños como habría valido tres en cualquier rincón del país.
La historia electoral española tiene precedentes en las dos direcciones. En junio de 1989 la Agrupación Ruiz-Mateos sacó dos eurodiputados, y en las generales de octubre de ese mismo año se quedó fuera del Congreso. UPyD pasó del 6,5 % y cuatro escaños europeos en 2014 al 0,6 % y ningún diputado en diciembre de 2015. En sentido contrario, Podemos y Ciudadanos usaron aquellas europeas de 2014 como trampolín y un año y medio después entraron en el Congreso con 69 y 40 escaños. Las europeas no predicen nada por sí solas. Lo que importa es si el voto de protesta se asienta o se evapora.
En el caso de SALF, la serie de la base de encuestas de Capitol responde con bastante claridad. Son 391 sondeos de intención de voto en generales publicados desde junio de 2024. SALF llegó a una media del 4,1 % en agosto de 2024, bajó del 3 % en octubre de ese año y tocó fondo en noviembre de 2025, con un 1,4 %. Desde entonces se ha estabilizado: entre el 1,9 % y el 2 % casi todos los meses de 2026, y un 1,7 % en las 17 encuestas de octubre. No es el perfil de un partido que se hunde. Es el de un suelo de algo menos de medio millón de votantes fieles.

Las casas no discrepan en el diagnóstico, solo en el tamaño. En los últimos tres meses, SocioMétrica le da de media un 2,15 % y DYM un 0,8 %, la estimación más baja. De todas las encuestas con reparto de escaños de ese periodo, solo una, la de GESOP del 8 de octubre, le abre una horquilla de cero a un diputado. Ninguna le da un escaño seguro.
Un listón del 3 % que solo muerde en Madrid y Barcelona
El artículo 163 de la ley electoral deja fuera del reparto a las candidaturas que no lleguen al 3 % de los votos válidos de su circunscripción. Es la barrera más citada y casi nunca la decisiva. En una provincia de cinco escaños, el último cuesta mucho más que un 3 %. Rein Taagepera calculó ese «umbral efectivo», el porcentaje a partir del cual se suele entrar, en torno a 75 dividido entre el número de escaños más uno: un 12,5 % en una provincia de cinco escaños y un 1,9 % en Madrid, que el 29-N elige 38.
La proyección provincial de Capitol traslada la media de 26 encuestas del 19 de octubre a cada circunscripción. Con ella, SALF no supera el 3 % en ninguna salvo Ceuta (3,03 %), que elige un solo diputado por mayoría. Su mejor provincia es Málaga, con el 2,77 % y unos 21.500 votos. Le siguen Almería (2,69 %), Las Palmas (2,66 %), Murcia (2,57 %) y Guadalajara (2,55 %). Es un voto de la costa mediterránea, de Andalucía oriental y de Canarias. Donde menos pesa es en Galicia y el País Vasco, por debajo del 1 % en todas sus provincias, y en Cataluña, entre el 1,1 % y el 1,6 %.

Madrid es el caso que lo explica todo. Allí la proyección da a SALF unos 70.500 votos, el 2 %. Con el D’Hondt de Capitol, el último de los 38 escaños sale a 88.617 votos y se lo queda Vox. Pero aunque SALF llegara a esa cifra seguiría fuera, porque el 3 % de Madrid son 106.223 votos. Madrid y Barcelona son las dos únicas circunscripciones en las que el listón legal pide más votos que el propio reparto. Por eso la ley no afecta a casi nadie y sí, precisamente, a un partido pequeño y repartido como SALF. Si SALF creciera de forma pareja en todo el país, su primer escaño llegaría en Madrid en cuanto pasara de un 2,8 % nacional, porque ese es el punto en el que cruza el 3 % madrileño. Con el 4,6 % de las europeas sacaría cinco: dos en Madrid y uno en Barcelona, Málaga y Valencia.
Un votante que viene de Vox
Para saber quién vota a SALF, el único material público con microdatos es el CIS. Hemos juntado los barómetros 3524 (septiembre de 2025) y 3530 (noviembre de 2025), con 8.149 entrevistas, y ponderado con el peso oficial del CIS. Solo 59 personas declaran intención de votar a SALF, así que los porcentajes tienen un margen de error de más de diez puntos y sirven para ver el perfil, no para medirlo con precisión. Además, el recuerdo de voto que declara la gente se aleja a menudo de lo que votó de verdad. Aun con esas cautelas, el perfil se ve con nitidez. El 72 % son hombres. El 42 % tiene menos de 35 años, el doble que en el conjunto de la muestra, y apenas un 5 % pasa de los 55. Se ubican de media en el 7,1 de la escala ideológica, entre los votantes del PP (6,7) y los de Vox (7,7). El 73 % prefiere a Alvise como presidente y el 17 %, a Santiago Abascal. Al nombrar el principal problema de España no citan la inmigración (5 %), sino a «el Gobierno y los partidos» (22 %), la corrupción (13 %) y los impuestos (12 %). Es un voto contra el sistema político más que un voto temático.
El dato decisivo es de dónde viene. El 54 % de quienes hoy votarían a SALF dice que votó a Vox en 2023, un 14 % no votó y un 12 % votó al PP. Si no pudieran votar a SALF, el 47 % iría a Vox y el 10 % al PP. La relación funciona en los dos sentidos: un 11 % de los votantes de Vox nombra a SALF como su segunda opción, y de todos los que tienen a SALF como segunda opción, nueve de cada diez votan a Vox. SALF y Vox son, en términos técnicos, vasos comunicantes.
Eso convierte un partido sin escaños en una variable de primer orden para el reparto. Vox tiene ahora mismo el último escaño en doce circunscripciones, entre ellas Madrid, Sevilla, Murcia, Zaragoza y Girona, y en varias por muy poco. Hemos hecho un ejercicio con el D’Hondt de Capitol: SALF sube hasta el 2,8 % y todo lo que gana sale de Vox, provincia por provincia. Son 0,9 puntos, unos 217.000 votos. SALF seguiría sin escaño, a unos 450 votos del 3 % en Madrid, y Vox perdería diez, de 67 a 57. Siete irían al PP (A Coruña, Huesca, Madrid, Murcia, Las Palmas, Teruel y Ceuta), uno al PSOE en Valencia, uno a Junts en Girona y otro a Adelante Andalucía en Sevilla. Ceuta es el ejemplo más claro: allí la proyección da a Vox 465 votos de ventaja sobre el PP y atribuye a SALF 1.003.

El efecto sobre la mayoría es mucho menor que sobre el reparto interno de la derecha. En ese escenario, PP, UPN-PP y Vox pasarían de 199 escaños a 196. Si SALF repitiera su 4,6 % europeo a costa de Vox, sumarían 197 con SALF dentro. Si SALF no se presentara y sus votantes se comportaran como dicen en el CIS, el bloque subiría a 201: el PP ganaría Almería y Las Palmas al PSOE y Vox le quitaría Ávila al PP. En todos los casos la suma queda lejos de los 176 de la mayoría absoluta, y el PSOE se mueve como mucho dos escaños, entre 104 y 108. Lo que SALF decide es otra cosa: si Vox llega al 29-N con 67 diputados o con 57, y con ello cuánto pesaría en una negociación de investidura con el PP como la que analizamos en la aritmética de los pactos.
El ejercicio tiene límites, y conviene decirlos. La proyección reparte la media nacional entre provincias, así que no recoge campañas locales ni candidatos con tirón propio, y Alvise solo encabeza la lista de Madrid. Los cálculos tampoco están cerrados mientras no se conozcan las candidaturas proclamadas: si SALF no reúne las firmas en alguna provincia, sus votos allí quedan libres. Y las campañas suelen apretar a los partidos pequeños con el argumento del voto útil, que en este caso le haría Vox a SALF. El método completo está en la metodología de Capitol.
Quedan tres cosas que vigilar. La primera, en qué provincias presenta SALF candidatura entre el 21 y el 26 de octubre. La segunda, si en las próximas encuestas su media se aleja del 2 % hacia arriba o hacia abajo, porque cada décima que se mueva saldrá, con mucha probabilidad, de Vox. La tercera es el 23 de noviembre, el último día en que pueden publicarse encuestas. Para entonces sabremos si el voto de SALF es un suelo fiel o un voto prestado que vuelve a casa en la última semana. Ningún escaño de SALF está en juego. Lo que está en juego es el tamaño de Vox, y con él el equilibrio de poder dentro de la derecha.


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