La suspensión cautelar del Tribunal Supremo deja sin voto el 29-N solo a los nacionalizados por la ley de nietos como descendientes de exiliados que viven en el extranjero y no acreditan ese exilio. Quienes ya residen en España y los hijos de todos ellos podrán votar, y nadie ha contado cuántos son.
Los disturbios estallaron en Bilbao la noche del lunes, después de una concentración contra el acto que Vito Quiles había anunciado cerca de la Universidad de Deusto y que él mismo canceló. Hubo saqueos, destrozos y gritos de «Gora ETA militarra», y diecisiete personas fueron detenidas, entre ellas varios menores de edad.
El martes, la mayoría de grupos del Ayuntamiento firmaron una declaración que condena tanto los altercados como los lemas que elogiaban a la banda terrorista. EH Bildu expresó su rechazo a la violencia, pero, según Aburto, se negó a respaldar el punto que censura las consignas a favor de ETA, que «retrotraen a los tiempos del terror en el país». Sin su firma, la declaración no salió adelante con carácter institucional.
PNV, PSE-EE, PP y Elkarrekin Bilbao sí suscribieron el texto.
La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, condenó el martes la violencia «sin paliativos y sin apellidos», pidió dejar trabajar a las autoridades para averiguar quién estuvo detrás y no la atribuyó a ninguna ideología ni organización concreta. Saiz rechazó las acusaciones del PP, que responsabiliza al Gobierno de Pedro Sánchez de alimentar la tensión en las calles. El lunes, preguntada en una entrevista de radio por los disturbios de Barcelona, había dicho que «quien sale ganando, en el caos y en el odio, es la extrema derecha».
La secretaria general de Podemos, Ione Belarra, sostuvo que en estos grupos podría haber «policías infiltrados», «personas de extrema derecha» o «jóvenes enfadados porque viven en un sistema, en un país, enormemente violento contra ellos».
Según las autoridades vascas, Quiles comunicó por escrito a las cuatro de la tarde que renunciaba a celebrar el acto. Tras la protesta, un grupo se dirigió con piedras a la comisaría de Deusto y quemó una motocicleta de la Policía Municipal. Los altercados se extendieron después a otras calles, con coches y contenedores incendiados, daños en establecimientos y piedras contra agentes de la Ertzaintza.
«No son luchadores antifascistas, sino auténticos fascistas», afirmó Aburto, que rechazó que los autores necesitaran la presencia de Quiles para actuar y condenó los gritos a favor de ETA. El consejero vasco de Seguridad, Bingen Zupiria, apuntó a la posible influencia de grupos organizados del País Vasco.
EH Bildu expresó en un comunicado su «más absoluto rechazo» a los comportamientos violentos tras las movilizaciones contra Quiles y defendió que la respuesta al fascismo y a la ultraderecha debe desarrollarse «exclusivamente por vías pacíficas y democráticas». Según la coalición, la violencia o el vandalismo terminan «favoreciendo los intereses del bloque reaccionario», y las movilizaciones del día, con centenares de participantes, fueron «un ejemplo de respuesta democrática, plural y colectiva». La Universidad de Deusto había suspendido su actividad académica.
El Movimiento Socialista y su principal partido, EHKS, que llamaron a movilizarse contra la presencia de Quiles, rechazaron estar detrás de la violencia y condenaron los «destrozos sin sentido de bienes materiales de la clase obrera».
Corrección (28/10/2026): El titular decía que el Gobierno evita atribuir a la izquierda la violencia, que es la interpretación del medio de origen, y la noticia presentaba como respuesta a los disturbios de Bilbao una frase de Elma Saiz del lunes sobre los de Barcelona.
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