Con la media de encuestas del 19 de octubre, el séptimo diputado de Santa Cruz de Tenerife sería de Unidad del Pueblo Canario, que se lo quitaría al PP por 216 votos. Un margen así no lo deciden los grandes partidos, sino los votos que se quedan sin escaño: los de Drago Canarias a un lado y los de SALF al otro.
Santa Cruz de Tenerife elige siete diputados, y en 2023 los repartió entre solo tres partidos: tres para el PP, tres para el PSOE y uno para Coalición Canaria. La izquierda del PSOE se quedó fuera por poco: según el resultado oficial del Ministerio del Interior, a Sumar le faltaron 1.545 votos para su primer escaño. Tres años después, la provincia apunta a lo contrario de la concentración. La proyección provincial de Capitol, que traslada a cada circunscripción la media de 26 encuestas publicadas en los últimos 28 días, reparte hoy los siete escaños entre cinco listas: dos para el PP, dos para el PSOE, uno para CC, uno para Vox y uno para Unidad del Pueblo Canario (UPC), la coalición que reúne en las islas a Nueva Canarias, el Bloque Canarista, Podemos, Movimiento Sumar e Izquierda Unida Canaria.
Los dos grandes ceden un diputado cada uno, pero no de la misma manera. El segundo escaño del PSOE está razonablemente a salvo; el tercero del PP, no. Es el escaño en disputa, y lo que lo separa de UPC cabe en un colegio electoral pequeño.

El sistema D’Hondt divide los votos de cada lista entre 1, 2, 3… y entrega los escaños a los cocientes más altos. En Tenerife, el séptimo es el primer cociente de UPC, 49.338 votos; el octavo, que se queda fuera, es el tercero del PP, 49.266. Son 72 votos de diferencia en el cociente, pero el PP necesita multiplicarlos por tres, porque su cociente es el resultado de dividir su voto entre tres: le hacen falta 216 votos más. Visto desde el otro lado, basta con que UPC pierda 73 para que el escaño cambie de manos. Doscientos dieciséis votos son el 0,05 % de los que la proyección asigna a la provincia. Ninguna encuesta del mundo mide eso; lo que la cuenta dice es que Tenerife está empatada.
Que UPC llegue hasta ahí tiene una explicación mecánica más que ideológica. Canarias es una de las pocas comunidades en las que la izquierda a la izquierda del PSOE ha cerrado una lista unitaria para el 29-N, inscrita como coalición ante la Junta Electoral Central; en el resto de España, el Frente Amplio y Podemos compiten por separado en casi todas las provincias. Para entender por qué eso importa en Tenerife sirve el umbral efectivo del politólogo Rein Taagepera, que estima el porcentaje a partir del cual una lista suele sacar escaño en función del tamaño de la circunscripción: 75 dividido entre el número de escaños más uno. Con siete diputados, sale un 9,4 %. UPC está en el 10,3 % de la proyección, apenas por encima. Si sus dos socios estatales fueran por separado y se repartieran ese voto según su peso en la media nacional, el Frente Amplio rondaría el 7,4 % y Podemos el 3 %, y ninguno de los dos entraría: el escaño volvería al PP. La unidad no le suma un voto a UPC; le permite no tirar ninguno.
Los votos que no cuentan
Ahí está el nudo de Tenerife. En una provincia de siete escaños la barrera legal del 3 %, la que fija el artículo 163 de la LOREG, apenas importa: está en unos 14.300 votos con la participación que supone la proyección, muy por debajo de lo que cuesta de verdad un diputado. Lo que decide es qué ocurre con las papeletas que van a listas sin ninguna opción de escaño. Hay una a cada lado del empate.
A la izquierda, Drago Canarias, el partido del exdiputado por esta provincia Alberto Rodríguez, ha anunciado que se presentará en solitario en las dos circunscripciones canarias y que él encabezará la lista de Santa Cruz de Tenerife. La proyección no lo incluye, porque las encuestas nacionales no lo miden. No hace falta que le vaya bien para alterar el resultado: con que 73 de sus votantes hubieran elegido UPC si Drago no se presentara, el séptimo escaño pasa al PP. Se puede discutir de dónde saldrá su voto, y una parte vendrá de electores que de otro modo se abstendrían, pero el orden de magnitud no deja mucho margen: 73 votos son menos de los que se depositan en una sola mesa electoral.
A la derecha ocurre lo simétrico. SALF, el partido de Alvise Pérez, obtiene en la proyección 10.683 votos en la provincia, un 2,2 %, por debajo del 3 % y, por tanto, sin efecto en el reparto. Si uno de cada cincuenta de esos electores votara al PP, 216 votos, el tercer diputado sería popular. Si SALF no presentara lista en Tenerife y una cuarta parte de su voto fuera al PP, ocurriría lo mismo con holgura. Las candidaturas se presentan entre el 21 y el 26 de octubre, y hasta que el BOE publique las proclamadas, el 3 de noviembre en el calendario que abre el real decreto de convocatoria, no se sabrá cuántas papeletas habrá en la mesa.

La ciencia política tiene nombre para lo que viene ahora. Maurice Duverger llamó efecto psicológico a la tendencia de los votantes a abandonar a los partidos que no pueden ganar escaño para no desperdiciar su voto; Gary Cox mostró que, en una circunscripción de M escaños, esa coordinación tiende a dejar como mucho M+1 candidaturas con opciones reales. Es la lógica del voto útil, y en Tenerife ambos lados tienen un argumento aritmético para pedirlo. Que funcione es otra cuestión. El voto a un partido pequeño no siempre es un error de cálculo: muchas veces es la manera de decir algo que los grandes no recogen, y quien lo emite lo sabe. Por eso el escaño se decidirá menos en la batalla entre el PP y UPC que en la capacidad de cada uno para convencer a quien está pensando en votar a otro.
El gráfico anterior enseña también lo que no está en juego. El diputado de Vox, que en 2023 se quedó sin escaño en la provincia, tiene un colchón de casi 16.000 votos: la proyección le da un 13,7 %, por encima del umbral efectivo. El de CC aguanta todavía más, 22.600 votos, con un 15,1 %. Ese colchón de CC, sin embargo, merece una mirada a las encuestas una por una. En la base de Capitol, la media de 28 días le da un 0,43 % en el conjunto de España, y la mayoría de las casas le asignan el diputado que ya tiene, el de Tenerife. Las que se lo quitan, EM-Analytics en sus tres últimos sondeos y Data10, la sitúan en el 0,3 %, un 30 % por debajo de la media. Si una caída de ese tamaño se trasladara tal cual a Tenerife, CC perdería su escaño con un descenso de algo más del 31 %. Las encuestas que dejan a CC fuera del Congreso no dibujan un escenario extremo; dibujan el filo.
La alianza de CC con Municipalistas Primero Canarias, que encabeza Teodoro Sosa en Las Palmas, no cambia mucho este cálculo en Tenerife, donde CC repite con Cristina Valido como cabeza de lista. Donde puede pesar es en la otra provincia.
Lo que la proyección no ve
Las Palmas tiene su propio filo. Allí la proyección reparte ocho escaños: tres para el PSOE, dos para el PP, dos para Vox y uno para UPC. El octavo, el tercero del PSOE, está a 925 votos del tercer escaño del PP y a 1.142 de CC, que en 2023 se quedó sin diputado en la provincia. Sumadas las dos circunscripciones, Canarias pasaría de seis diputados del PP y seis del PSOE a cuatro y cinco; Vox subiría de uno a tres, la izquierda canaria de uno a dos, y CC se quedaría con uno, si bien el de Las Palmas está tan a tiro como el de Tenerife está expuesto.

Hay tres razones para leer estas cifras con prudencia, y las tres son específicas de Canarias. La primera es que no hay encuestas canarias en la media: la proyección aplica a los resultados de 2023 en cada provincia la variación que las encuestas nacionales dan a cada partido, con el método explicado en la metodología de Capitol. Es un supuesto razonable para el PP, el PSOE o Vox y mucho más frágil para partidos que solo existen en las islas. La segunda es que UPC se calcula con el voto del Frente Amplio y de Podemos; el de Nueva Canarias, cuyo voto se concentra sobre todo en Gran Canaria, no aparece en las encuestas nacionales. Eso sesga la proyección a la baja para UPC, más en Las Palmas que en Tenerife, del mismo modo que la ausencia de Drago la sesga al alza. La tercera es sociológica. En el último barómetro del CIS con microdatos, el estudio 3530 de noviembre de 2025, el 26 % de los entrevistados en Canarias citaba la inmigración entre los tres principales problemas de España, frente al 19 % en el conjunto del país, y Vox reunía allí más voto y simpatía que en la media. La submuestra canaria es de 152 personas, con un margen de error de unos ocho puntos, y el CIS arrastra un sesgo conocido en el recuerdo de voto; sirve como indicio de por qué el voto canario puede moverse distinto del nacional, no como medida.
Queda el electorado que vota desde fuera. De los 927.138 electores de Santa Cruz de Tenerife, 125.100 viven en el extranjero según el censo del INE para el 29-N, más de uno de cada ocho. Desde la reforma de la LOREG de 2022 ya no tienen que rogar el voto, aunque su participación sigue siendo baja. En una provincia donde el último diputado se decide por 216 papeletas, la diáspora no es un detalle: es una de las pocas reservas de votos que ningún modelo sabe estimar.
Lo que conviene vigilar en las próximas semanas, por tanto, no está en las medias nacionales. Primero, las listas proclamadas: si Drago y SALF figuran en la papeleta de Tenerife. Después, cualquier encuesta hecha en las islas que permita sustituir el supuesto de traslación uniforme por datos canarios. Y por último, la campaña del voto útil, que en Tenerife no será retórica. Pasa algo parecido en Girona, donde está el último escaño más ajustado de España, pero en Tenerife la vía de agua es la misma para los dos bloques. El séptimo diputado será de quien mejor consiga que sus votantes cercanos no se dispersen, y eso, en una circunscripción de siete escaños, vale tanto como ganar votos al adversario. Los repartos de cada provincia y la media completa están en el agregador de encuestas de Capitol.


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