Hay más españoles que se colocan a la izquierda que a la derecha: entre quienes votaron en 2023, el 41 % se sitúa entre el 1 y el 4 de la escala ideológica y el 30 %, entre el 7 y el 10, según los microdatos del CIS de noviembre de 2025 (estudio 3530) reponderados por Capitol. La derecha compensa esa desventaja en el centro: de quienes se colocan en el 5 o el 6, el 45 % votaría a PP, Vox o SALF y solo el 13 % a la izquierda.
La pregunta de si Vox es de derechas, o de si el PP es de centro, tiene una respuesta empírica que no depende de lo que digan sus dirigentes: basta preguntar a sus votantes dónde se colocan. El CIS lo hace cada mes con una escala que va del 1 (izquierda) al 10 (derecha), y sus microdatos permiten cruzar esa autoubicación con el voto. El resultado dibuja un país algo más inclinado a la izquierda de lo que dicen hoy las encuestas, y explica la aparente contradicción: la izquierda tiene más votantes «propios», pero la derecha gana con holgura el terreno de nadie del 5 y el 6, que es donde se decide el 29 de noviembre.
Los votantes de cada partido se ordenan como cabría esperar. En el barómetro de noviembre de 2025, el último con microdatos publicados, quienes votarían o sienten simpatía por Podemos se colocan de media en el 1,9; los de Sumar, en el 2,5; los del PSOE, en el 3,2; los del PP, en el 6,8, y los de Vox, en el 7,6. Hay una simetría que rara vez se menciona: la distancia entre el PSOE y Sumar (0,8 puntos) es la misma que entre el PP y Vox. Cada bloque es compacto por dentro, y entre los dos queda un hueco de 3,6 puntos que no ocupa ningún partido de ámbito nacional desde que Ciudadanos pasó de 57 escaños en abril de 2019 a 10 en noviembre de ese año. Los únicos electorados que caen cerca del centro son el de Junts (5,6, con solo 36 entrevistas) y el de quienes votaron al PNV en 2023 (4,7, con una muestra aún menor), lo que convierte en territorial, y no ideológico, el centro de la aritmética parlamentaria.

Vox es de derechas; el PP, un partido con dos alas
La media esconde la forma. Si se mira cómo se reparten los votantes de cada partido a lo largo de la escala, el PP y Vox no son dos versiones del mismo electorado. El del PP tiene su pico en el 5, donde se coloca el 27 % de sus votantes; casi la mitad (46 %) está en el 5 o el 6, y la otra mitad, entre el 7 y el 10. Es la estructura de un partido de centroderecha de tipo atrapalotodo, que suma a moderados y a conservadores. El de Vox tiene su pico en el extremo: el 31 % de sus votantes elige el 10, y el 69 % está entre el 7 y el 10. A la pregunta literal, por tanto, la respuesta es inequívoca: sus votantes se consideran de derechas, y más que los del PP. Pero un 27 % de quienes votarían a Vox se coloca en el 5 o el 6, lo que sugiere que su voto ya no se explica solo por la ideología; también pesan la inmigración, el rechazo a los partidos tradicionales o el voto de protesta.
En la izquierda, el dibujo es el inverso y más concentrado. Tres de cada cuatro votantes del PSOE (75 %) se sitúan entre el 1 y el 4, y solo el 16 % en el 5 o el 6. Sumar y Podemos apenas tienen presencia fuera de la mitad izquierda. Es la diferencia de fondo entre los dos grandes partidos: el PP tiene un pie en el centro y otro en la derecha; el PSOE, los dos en la izquierda.

Hay que leer estas curvas con una cautela de método. El 5 funciona como refugio: es la casilla que eligen muchos de quienes no se reconocen en la escala o prefieren no definirse, y por eso concentra al 23 % de todos los entrevistados que se ubican. El 10 también acumula más respuestas que el 9, un efecto de extremo que aparece en cualquier escala de este tipo. El pico del PP en el 5 y el de Vox en el 10 son, en parte, un rasgo de la herramienta de medida, aunque la diferencia entre los dos electorados es demasiado grande para atribuirla solo a eso.
La aritmética del centro
La clave está en cruzar las dos cosas: cuántas personas hay en cada tramo de la escala y a quién votan. Antes de hacerlo hay que corregir un sesgo conocido del CIS. Su muestra recuerda haber votado en 2023 al PSOE en un 38 % y al PP en un 24 %, cuando los resultados oficiales de la Junta Electoral Central (se abre en otra pestaña) fueron un 31,7 % y un 33,1 %. Puede que los votantes del PP contesten menos al teléfono o que algunos no declaren su voto, pero el efecto es el mismo: la muestra queda escorada. Capitol ha reponderado las 4.027 entrevistas para que el recuerdo de voto de los cuatro grandes partidos cuadre con el resultado real. Con esa corrección, la autoubicación media de los españoles pasa del 4,76 al 5,05: una parte del supuesto «país de centroizquierda» que describen los datos brutos es un artefacto de la muestra.
Aun corregida, la escala no es simétrica. Entre quienes votaron en 2023, el 41 % se coloca a la izquierda (del 1 al 4), el 29 % en el centro (5 o 6) y el 30 % a la derecha (del 7 al 10). Si cada bloque solo contara con los suyos, la izquierda partiría con ventaja. Y en su terreno es tan eficaz como la derecha en el suyo: el 73 % de quienes se colocan entre el 1 y el 4 votaría a PSOE, Sumar, Podemos, ERC, EH Bildu o BNG, y el 82 % de quienes se colocan entre el 7 y el 10 votaría a PP, Vox o SALF.

El desequilibrio está en el centro. De quienes se colocan en el 5 o el 6, el 30 % votaría al PP, el 13 % a Vox y apenas el 12 % al PSOE; el 19 % no votaría a ninguno. Si se descompone el voto de cada bloque según el tramo del que procede, la izquierda saca a la derecha una ventaja de unos cinco puntos en sus respectivos campos ideológicos, y la derecha le saca más de diez en el centro. Esa diferencia, y no un desplazamiento del país hacia la derecha, es la que explica que la media de encuestas de Capitol del 19 de octubre (26 sondeos en 28 días) dé al PP un 31,5 %, a Vox un 18,6 % y al PSOE un 26,8 %, y que PP y Vox sumen hoy alrededor de la mitad de los votos, frente al 45,4 % de 2023.
Es la intuición que Anthony Downs formalizó en 1957 con su modelo del votante mediano: en un sistema con dos grandes partidos, gobierna quien conquista el centro. La historia electoral española la confirma en las dos direcciones. Cuando la UCD se hundió en 1982 (de 168 escaños a 11), sus votantes de centro hicieron mayoritario al PSOE; cuando Ciudadanos se desplomó en noviembre de 2019, buena parte de los suyos acabó, entre esa fecha y 2023, en el PP. El centro español rara vez tiene partido propio durante mucho tiempo, pero nunca deja de decidir.
Por dónde se mueve el voto y qué no sabemos
Los microdatos permiten ver también quién se mueve y desde dónde. Los votantes del PP de 2023 que hoy se inclinan por Vox (125 entrevistas) se colocan de media en el 7,6, frente al 6,9 de quienes repiten con el PP; ninguno de ellos se sitúa a la izquierda del 5. Vox no crece conquistando el centro, sino captando el flanco derecho del PP. En el otro sentido, los votantes socialistas de 2023 que hoy elegirían al PP (51 entrevistas, una muestra pequeña) se colocan en el 5,4, y más de la mitad en el 5 o el 6. Son dos corrientes distintas que empujan en la misma dirección: el PP pierde por su derecha y gana por su izquierda.
Hay un tercer movimiento, generacional, que se observa también en Alemania, Corea del Sur o Estados Unidos. Entre los menores de 30 años, los hombres se colocan de media en el 5,3 y las mujeres en el 4,2: más de un punto de distancia, una brecha que entre los mayores de 30 se reduce a dos décimas. El 37 % de los hombres jóvenes se sitúa entre el 7 y el 10, frente al 22 % de las mujeres de su edad. Con 244 y 192 entrevistas, el margen de error de cada subgrupo ronda los seis puntos, pero la diferencia los supera.
Tres advertencias acotan todo lo anterior. La primera es el tiempo: el barómetro de noviembre de 2025 tiene once meses y desde entonces se han convocado las elecciones. La comparación con el de septiembre de 2025 (estudio 3524) muestra estabilidad (el PP pasa del 6,6 al 6,8, Vox del 7,7 al 7,6, el PSOE del 3,1 al 3,2), variaciones que caben en el error de muestreo; nada indica un vuelco ideológico, pero tampoco hay datos más recientes. La segunda es que la reponderación por recuerdo corrige el sesgo más visible, no todos. La tercera es que la autoubicación es una etiqueta, no un programa: hay votantes que se dicen de centro y apoyan medidas que otros llamarían de izquierdas o de derechas.
Lo que el dato sí permite afirmar es dónde está la batalla. Al PSOE le basta con movilizar a su mitad para no hundirse, pero no para ganar: necesita recuperar a una parte de los cuatro de cada diez votantes del 5 y el 6 que hoy eligen PP o Vox, o al 19 % que no elige a nadie. Al PP le ocurre lo contrario: su ventaja depende de retener a esos votantes de centro mientras Vox le disputa el flanco derecho, y cada voto que se le va por la derecha lo deja más cerca de necesitar a Vox para la investidura, como muestra el cálculo de mayorías de Capitol. Quien quiera situarse en esa escala puede hacerlo con el test electoral; quien quiera ver cómo se traduce en escaños, en la proyección por partido. Las cifras del CIS proceden de los microdatos públicos del Centro de Investigaciones Sociológicas (se abre en otra pestaña), ponderados con su coeficiente oficial y, donde se indica, reponderados por Capitol según su metodología.


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