El diario, cuyo exeditor jefe Dmitri Murátov ganó el Nobel de la Paz en 2021, apagará sus servidores el 9 de noviembre tras más de 30 años de trayectoria
Las claves
- Nóvaya Gazeta anunció este viernes el fin de su existencia por las presiones de las autoridades rusas.
- El periódico dejará de funcionar el 9 de noviembre y apagará sus servidores.
- El diario perdió en 2022 su licencia para publicar.
Nóvaya Gazeta, diario opositor ruso, ha anunciado hoy que dejará de existir el 9 de noviembre. En un vídeo difundido en redes, su redactor jefe, Sergei Sokolov, resume la situación con las palabras «Nos han asesinado» y sostiene que las autoridades y los servicios secretos de Rusia forzaron a la plantilla a cesar su actividad.
Según el comunicado del medio, ese día apagarán los servidores y abandonarán la casa donde trabajaron tres décadas. Los redactores afirman que han sido echados a la calle, sin medios de subsistencia y bajo la amenaza constante de represalias.
El periódico, conocido por sus investigaciones sobre corrupción, perdió en 2022 la licencia para publicar en papel o en la red. Desde entonces seguía adelante con una edición internacional en ruso y en inglés que elaboraba desde Letonia, y que ahora tampoco podrá continuar.
Sokolov asegura que los servicios secretos han cortado todos los canales por los que los lectores aportaban dinero para sostener el diario. La redacción denuncia que se trata de una acción coordinada por agentes del FSB, que según su versión se han infiltrado en todas las organizaciones.
Sokolov añade que las autoridades bloquearon los recursos del medio en internet y confiscaron su imprenta, y que en su día agentes de los servicios secretos les impidieron entrar en la redacción.
El diario recuerda que varios colegas fueron asesinados por motivos políticos durante el actual régimen y no en los años noventa, y que lo fueron por cumplir su deber profesional y cívico. Entre quienes escribieron en sus páginas figura Anna Politkovskaya, periodista de investigación que informó sobre los abusos cometidos en Chechenia y que colaboró con el periódico hasta su asesinato.
La redacción afirma además que Murátov, Nobel de la Paz y cofundador del diario, sufrió una agresión que lo dejó casi ciego, sin que se presentaran cargos penales pese a que se conocía a los autores. Después, según relata, sus periodistas empezaron a ser señalados como «agentes extranjeros».
Sokolov lamenta el regreso de la censura generalizada, que ha empujado a muchos periodistas y opositores a salir del país, y afirma que «los derechos humanos y las libertades han sido eliminados en el país».
Las autoridades rusas no han respondido de forma pública a las acusaciones de la redacción en el momento de publicar esta información. Sokolov sostiene que la presión sobre el medio ha sido sostenida durante años y que el cierre es el resultado de esa acumulación de bloqueos, confiscaciones y amenazas, más que de un único episodio.
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